martes, 12 de septiembre de 2017

SEQUÍA Y OTROS MODELOS AGRÍCOLAS


http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2017/09/12/modelos-agricolas/859130.html



El actual ciclo de sequía  de los últimos años y que se ha agravado este verano es más que preocupante. En la Región de Murcia, las últimas lluvias, abundantes en el sur y centro de la misma, no han llegado a la zona de los embalses de la cuenca del Segura. El pasado día 12 de agosto envié a LA OPINIÓN un par de fotografías (una de las cuales reprodujo el periódico días después) del embalse de la Fuensanta, en Yeste, bajo mínimos. A fecha 10 de ese mes, según datos de la web www.embalses.net,  ese pantano de la Fuensanta, con 210 hm3 de capacidad, estaba al 7,3 %. Y no era mejor la situación del otro gran embalse de la Cuenca del Segura, el Cenajo. Con una capacidad de 437 hm3, sus reservas estaban en 68 hm3, es decir, al 15,57. 

Con fecha 5 de septiembre, la situación no había mejorado, sino todo lo contrario. Unos datos de esa web nos dan idea de la gravedad de la situación. La cuenca del Segura, con una capacidad total de embalse de 1.141 hm3, almacenaba el pasado día 5 de septiembre 195 hm3 (17,09 %),  cuando en la misma semana del año anterior el agua embalsada totalizaba los 307 hm3.  El porcentaje en algunos embalses significativos de la cuenca era el que sigue: Talave, 22,85%; Cenajo, 9,38%; La Fuensanta, 6,6%...

Y para quienes, pese a todo, siguen reclamando los caudales del Tajo, la situación no es mejor en dicha cuenca. Con una capacidad de embalse de hasta 11.012 hm3, los pantanos estaban a finales de agosto al 42,51. Y lo más preocupante: los que nos han de ceder agua a la cuenca del Segura, Entrepeñas y Buendía, almacenaban en esa fecha 87 y 169 hm3, esto es, el 2,72% y el 10,31%, respectivamente, de su capacidad total. 

Con estos datos, y teniendo en cuenta el alto coste del agua desalada, la situación, no sólo para los regadíos, es más que preocupante. Pese a ello, las demandas de agua del Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura (SCRATS) y las de la principal asociación de agroexportadores no cesan. Con fecha 2 de agosto, Juan Marín, presidente de Proexport, ya advertía de que podemos tener graves problemas de riego en septiembre si no se reciben aportaciones del Trasvase Tajo-Segura (hoy, imposible) y de las desaladoras de Torrevieja y de Valdelentisco, por lo que se interesaba por la apertura de nuevas baterías de pozos y por el estado de los del Campo de Cartagena. O sea, un recurso extremo a los caudales subterráneos. Los mismos recursos del subsuelo que –a tenor del informe La trama del agua en la cuenca del Segura, diez años después’, presentado hace unos días en Toledo por el responsable de la campaña de Aguas de Greenpeace, Julio Barea, y por el hidrogeólogo Francisco Turrión-  fueron puestos en cuestión, con algo más que discrepancias hacia los autores de dicho informe, por el actual consejero de Agricultura y Agua, Francisco Jódar.
Hay que insistir en ello y decirlo claramente: el actual modelo murciano de agricultura intensiva destinado a la exportación es claramente insostenible. La extrema situación de sequía que padecemos no impide, sin embargo, que el negocio vaya bien para unos pocos. A título de ejemplo, Proexport informa en su página web que la lechuga será el ‘producto estrella’ en ‘Fruit Attraction’ 2017, certamen que reunirá el 18 de octubre en Madrid a las empresas vinculadas a la lechuga y verduras de hoja, en Ifema. (Hay que saber que la Región de Murcia comercializa hasta a 53 países el 71% de la producción nacional de lechuga, con Alemania y Francia como zonas preferentes de destino). Y aunque el volumen de las exportaciones se redujo un 1,9% en 2015, se incrementó el valor de las mismas en un 3,9%, gracias a la ligera mejoría de los precios. 

En este contexto, la persistente demanda de agua, a cualquier precio, esconde otro dato: los regadíos crecen y crecen.  La ampliación, a todas luces insostenible, del perímetro regable es perceptible incluso en zonas tradicionalmente de secano, como en el Noroeste murciano. Un informe de la Comunidad de Regantes del Campo de Cartagena justifica ese incremento en el descenso de productividad de los secanos. Pero la ampliación del perímetro regable no hace sino agravar los problemas asociados a la escasez de agua. Según la Encuesta de 2016 de superficies y rendimientos de cultivos del Ministerio de Agricultura (ESYRCE), de 2010 a ese año el regadío se incrementó en la Región un 14,33%, con un total de 181.469 ha de tierras puestas en riego. El negocio, pues, va bien, pero no para todos. El pasado mes de mayo la prensa nos ponía al corriente de la rebelión laboral protagonizada en el campo murciano por inmigrantes con sueldos de 5,5 €/hora y que, según denunciaban, pese a trabajar 28 días sólo cotizaban por ellos/as unos 13 días. 

No me entiendan mal: con estas líneas no estoy atacando a la agricultura, sino a unos usos agrícolas hoy insostenibles. Porque hay otros modelos, más adaptados a nuestra realidad de Región semiárida: la potenciación de los secanos (en zonas como el Campo de San Juan y el Calar de la Santa, se han puesto en cultivo centenares  de hectáreas de plantas aromáticas, como espliego, salvia, lavandín…) y el impulso a una agricultura ecológica, que tiene un notable nicho de mercado en el exterior. Y todo en un marco de una adecuada gestión de la demanda de un recurso a todas luces cada vez más escaso: el agua.

viernes, 18 de agosto de 2017

EL CANTÓN MURCIANO

https://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2017/08/10/rebelion_cantonal_68459_1621.html

DETRÁS DE LA HISTORIA

La rebelión cantonal, el movimiento que precipitó la caída de la I República

  • La proclamación del cantón de Cartagena generó tensiones que socavaron la capacidad del Gobierno para frenar el golpe de Estado que acabaría con la República federal
  • Este agosto infoLibre recupera personajes y acontecimientos que, desde la sombra, han marcado la historia de España

Publicada 10/08/2017 a las 06:00Actualizada 09/08/2017 a las 19:54  
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Caricatura que muestra a Pi y Margall (centro) desbordado por el federalismo (1873).
Caricatura que muestra a Pi y Margall (centro) desbordado por el federalismo (1873). 
Revista 'La Flaca'
El día 12 de julio de 1873, unos 30 hombres entran en la guarnición militar de Cartagena para proclamar el cantón de Murcia. Daba así comienzo lo que ha pasado a la historia con el nombre de "rebelión cantonal". La revuelta se producía meses después de la proclamación de la Primera República española, el 11 de febrero de 1873, tras la abdicación ese mismo día del rey Amadeo de Saboya. El Gobierno de la República federal fue incapaz de resolver el conflicto con el cantón ni política ni militarmente, lo que lo haría vulnerable al golpe de Estado que acabó con la República.

Las cortes españolas de este periodo estaban fragmentadas, aunque hubo bastante apoyo parlamentario a la proclamación de la República. Sin embargo, pronto empezarían los problemas: un sector de las cortes, los denominados "intransigentes" o "radicales" exigían un modelo de República federal, y querían implantarlo desde abajo hacia arriba, es decir, proclamando primero los distintos cantones o "Estados" —con un modelo similar al estadounidense—, para posteriormente redactar una Constitución.

Esta falta de acuerdo entre los parlamentarios que querían construir la República "desde abajo" y el Gobierno, liderado en ese momento por Francisco Pi y Margall, llevaría al conflicto armado entre ambas facciones. Inicialmente hubo revueltas en pueblos de Andalucía, pero la verdadera rebelión comenzaría en Cartagena.

Estaba previsto que ese mismo día 12 de julio llegaran a la ciudad refuerzos militares leales al Gobierno, así que la revuelta podría haber acabado en ese mismo momento y con un baño de sangre. Pero los rebeldes controlaron rápidamente el fuerte, y poco después, los buques militares establecidos en el puerto de Cartagena empezaron a expresar apoyo a la rebelión, principalmente por las exigencias de los marineros. Desde el fuerte y en los barcos se empezarían a izar banderas totalmente rojas, convertidas en el símbolo del cantón, que rápidamente se extendería por la región. Quedaba constituido el cantón de Murcia.

El intento de expansión

Antonio Gálvez Arce, Antonete para sus contemporáneos, era un diputado murciano muy respetado por los federales que se presentó en la ciudad junto al gobernador civil de la región. Ambos aconsejaron a las autoridades municipales que dimitieran, ya que las calles de la localidad se habían volcado en apoyo a los rebeldes. Así, los partidarios del cantón se hacían con el control de la ciudad, y Gálvez fue nombrado comandante generalde todas las fuerzas militares de Cartagena y líder del cantón de Murcia.
   La respuesta del Gobierno central de Pi y Margall fue militar. Varios generales fueron convocados para atacar a los rebeldes y poner fin a la situación. Los barcos cartageneros fueron declarados "piratas"por el Gobierno central, por lo que cualquier nación podía detenerlos. La respuesta de Gálvez es colocar al frente de las tropas cantonales al general Contreras y nombrar a un líder del cantón de Cartagena, que queda separado del de Murcia, más extenso.

El objetivo de la insurrección en Cartagena no era tanto la "independencia" de la ciudad como que esta era fácilmente defendible una vez tomada, y estaba en una posición estratégica ideal para extender el cantonalismo. Cuando el control de la ciudad fue total, los barcos atracados zarparon hacia Alicante para apoyar a los rebeldes cantonales de allí. Uno de ellos, el buque Vitoria, fue detenido como "pirata" por un almirante alemán frente al puerto de Cartagena, por lo que el apoyo a Alicante no se produjo como los cantonalistas querían.

Entretanto, la situación es imposible de controlar para el Gobierno central, lo que fuerza la salida de Pi y Margall y la llegada de Nicolás Salmerón a la presidencia. Este es uno de los elementos más característicos de la Primera República española: la corta duración de sus gobiernos a causa del caos político y el clima de violencia y revueltas, y la incapacidad de los gobernantes para atajar estos problemas. Decenas de localidades se habían declarado independientes en el convulso 1873: Cádiz, Málaga, Motril, Tarifa o Valencia, entre otras. Sin embargo, la mayoría de esos cantones fueron disueltos a los pocos días de su proclamación.

Las fuerzas cartageneras intentaron extender la insurreccióny fortalecer su posición. Aparte de su intento de apoyo a los cantonalistas de Alicante, el 5 de agosto 2.500 efectivos se dirigen a Hellín y posteriormente a Chinchilla (ambas localidades en Albacete), para tratar de exigir su adhesión a la causa cantonal y bloquear el ferrocarril. Pero el general Martínez Campos (en esos momentos leal al Gobierno, pero que es conocido por poner fin a la República poco después) y el general Salcedo les salieron al paso y acabaron con los efectivos cantonales. Martínez Campos avanzó hacia la ciudad de Murcia y el cantón murciano quedaba extinguido en cuestión de días. Solo quedaba Cartagena.

Asedio y caída

Tras la toma de la ciudad de Murcia, Martínez Campos avanza hasta Cartagena y se encuentra una fortaleza preparada para su llegada, por lo que la rodea y comienza el sitio de la ciudad, que poco después es acompañado de un intento de bloqueo marítimo. El sitio duró meses, y los sitiados intentan en varias ocasiones romperlo con escaso éxito en el mar y nulo en tierra.

La situación se estanca, y el caos en el resto de España está extendido: los carlistas se han rebelado en el norte y en el área de Valencia, que además de las intentonas cantonales cuenta con grupos de obreros reclamando sus derechos con huelgas que pronto se tornan violentas. Los cantones andaluces han sido despuestos, pero la paz aún está lejos. La zona norte de la Península también cuenta con sus propias revueltas en una especie de todos contra todos entre carlistas, tropas gubernamentales y obreros. Con este clima llega a la presidencia del Gobierno Emilio Castelar, que aplicará con más dureza si cabe la política de su antecesor: acallar a los rebeldes con las armas.

Cartagena fue bombardeada día tras día desde el 25 de noviembre, pero los cantonales no se rendían. Lejos del asedio, la posición de Castelar era cada vez más débil: entre los políticos se dudaba de su verdadera lealtad a la idea de República por algunas de sus decisiones, como retomar contactos con el Vaticano. Así, el día 3 de enero Castelar se vio forzado a dimitir, y cuando las Cortes se disponían a elegir a su sucesor (un republicano federal: Eduardo Palanca Asensi), se repitió lo que fue la tónica del siglo XIX español: un golpe militar.
  El general Pavía rodeaba el Congreso e imponía un Gobierno de "concentración" (del que quedaban excluidos los republicanos federales), al frente del que pronto se situaría el general Francisco Serrano. Aunque Alfonso XII no llegaría a España hasta finales de 1874, la República ya había dejado de existir, ya que Serrano impuso una dictadura que 12 meses después concluiría con el regreso de la monarquía borbónica.

El 12 de enero de 1874, las tropas gubernamentales entran en Cartagena a aceptar la rendición de una ciudad que había sufrido 48 días de bombardeo constante. Los cantonales, al recibir la noticia del golpe de Estado de Pavía, de la formación del nuevo gobierno centralista y contrario a la idea de la España federal, y conscientes de que no quedaba ningún otro cantón que les apoyara, se rinden. Concluían así los seis meses de vida del cantón de Cartagena, y menos de un año después acababa la Primera República española.

lunes, 17 de julio de 2017

Con Paco Griéguez, un deportado murciano

Murcia rinde homenaje a Paco Griéguez, uno de esos murcianos deportados a los campos de exterminio nazis que aún sobrevive
e-mail de MurciaDiego Jiménez
Miembro de la Asociación Memoria Histórica de Murcia
Una de las deudas pendientes de la democracia, para restaurar la Memoria y la compensación a las víctimas del fascismo, es el homenaje a los miles de españoles que, desde territorio francés, fueron deportados a los campos de exterminio nazis. Para darnos una idea de lo que supuso aquel infierno para muchos republicanos, cabe decir que de las 10.000 personas deportadas a esos campos de la muerte, sobrevivieron menos de la mitad. La Región de Murcia aportó 520, y sólo sobrevivieron 235, entre ellas, 32 de Murcia capital.
Paco Griéguez y su mujer, con el autor de la crónica
El pasado día 29 de junio, el pleno del Ayuntamiento de Murcia, a instancias de la Asociación de Memoria Histórica de la ciudad, aprobó por unanimidad de todos los grupos políticos una declaración institucional en homenaje y recuerdo a los 85 murcianos de la capital deportados a esos campos de exterminio nazis, desde 1941 hasta la liberación de los mismos, en mayo de 1945. El acuerdo municipal incluye la colocación de un monolito, en un lugar por determinar, y el homenaje a uno de esos murcianos que aún sobrevive: Francisco Griéguez Pina (Paco, para los amigos), que junto a su mujer, Juana, vive en una pequeña localidad del sureste francés, Gardanne, cercana a Marsella.
Aprovechando mi viaje por tierras francesas, decidí acercarme para conocerle personalmente. Paco nos esperaba. Al llegar, una sorpresa: la placa honorífica que la Asociación de Memoria Histórica de Murcia le había remitido, que incluía una leyenda en reconocimiento a la resistencia y lucha de este superviviente del genocidio nazi contra el fascismo, se encontraba allí, sobre la mesa del salón de la casa. Tras el saludo, el intercambio de regalos fue mutuo: en el transcurso de la conversación, Paco me obsequió con libros personales sobre ese campo del horror que quería que yo custodiase. Uno de ellos, Histoire de Mauthausen, del deportado José Borrás, una edición especial para él de junio de 1989. Nuestro regalo fue una simbólica bolsa de limones de la huerta murciana.
Al estallar la Guerra, y con apenas 18 años, Paco se alista voluntario en el Ejército republicano, en la compañía Ángel Pestaña, donde, según me cuenta, coincidió con varios jóvenes de Bullas. Luchó en la batalla del Jarama, que, según él, fue un infierno en el invierno, por el barro y el frío.
Tras la caída de Barcelona en febrero de 1939, comienza el éxodo imparable de civiles y militares republicanos a territorio francés. Más de medio millón de personas (entre ellas, el poeta Antonio Machado y su madre) son recluidos, más que alojados, en campos de triste recuerdo, inicialmente sin barracones, al aire libre, en Argèles sur Mer (foto superior), en Saint Cyprien, en Le Barcarès, y otros.
Paco estuvo en estos dos últimos. Pronto, sin embargo, se enrolaría en el Ejército francés. Tras la ocupación nazi de Francia, fue hecho prisionero, pero, en castigo a su condición de republicano, es conducido, como muchos otros, al campo de Mauthausen, donde permaneció cuatro años, hasta su liberación en mayo de 1945.
La conversación transcurre en el salón de su casa, con Paco sentado sobre el sillón, porque, me dijo, “me fallan las piernas, aunque no la cabeza”. Va a cumplir los 99 años el próximo octubre, pero conserva gran lucidez mental, una memoria envidiable y hace gala de un contagioso buen humor. Sus vivencias de ese campo del horror se entremezclan con otras más gratas, como cuando recordaba, con un halo de nostalgia, su trabajo de joven en aquella juguetería de la calle de la Aurora, de Murcia, o su traslado al Ranero, desde Fortuna, tras la muerte de su padre, guardia civil.
“Hoy, a más de setenta años de aquella experiencia, aún tengo pesadillas. Sueño con ese campo”, confiesa con la voz entrecortada por la emoción. Califica de ‘animales’ a los jóvenes miembros de las SS. Un día estuvo a poco más de dos metros de Heinrich Himmler, líder nazi que, junto a Ramón Serrano Súñer, colaboró en el acercamiento diplomático de Alemania y la España de Franco.
Prisioneros en Mauthausen
Según Paco, el paso que mediaba entre la muerte en Mauthausen o la supervivencia tenía que ver con la fortaleza física y mental, un destino afortunado, fuera de la horrible cantera que tantas víctimas ocasionó, o la suerte de no ser uno de los elegidos para la tortura en público y el ajusticiamiento delante de los demás. Recuerda varias cosas más: que, al abandonar Mauthausen su peso era de 35 kilos; la triste suerte que le cupo a un oficial ruso, asesinado como muchos otros, con un método infalible: a veinte grados bajo cero, se le roció con agua tibia y allí, inmovilizado, apareció convertido en una estatua de hielo al día siguiente…junto con otros recuerdos más agradables, como la buena comida en el hotel de París, donde fueron conducidos tras su liberación, en contraste con la escasez del pueblo parisino, por lo que no dudaron en ofrecer bocadillos a esos hambrientos habitantes; la exigencia de una ración de tabaco bueno, pues el que les ofrecían era de picadura; su destino casual, sin conocer francés, como encargado en una fábrica de Marsella…
Imposible relatar dentro de los límites de un artículo como éste todas sus experiencias, pero sí destacar las dos cosas le emocionaron especialmente: recibir la placa honorífica de la Asociación de Memoria Histórica y nuestra visita. También dejó constancia de la satisfacción que le produjo la llamada del alcalde de su ciudad de origen, Murcia. Pero hay mucho que hacer todavía.
Tras mi encuentro con Paco, visité el recientemente inaugurado Memorial del Campo de Argèles sur Mer. Olga, la responsable de la exposición, comentó detalles de la iniciativa de ese pequeño municipio francés para que la Memoria de tantos y tantos deportados republicanos no quede en el olvido. El Ayuntamiento de Murcia, como otros del resto de España, ha empezado a dar pasos en ese sentido. Pero queda pendiente que el Estado se digne, algún día, homenajear a las víctimas del fascismo.
 https://lamentable.org/paco-grieguez-deportado-murciano/#comment-62831

martes, 11 de julio de 2017

CON PACO GRIÉGUEZ

CON EL ÚLTIMO MURCIANO SUPERVIVIENTE DE MAUTHAUSEN. 

En la tarde del pasado día 5, fui consciente de estar viviendo una jornada histórica cuando, en compañía de Mari Carmen, me trasladé desde Avignon a Gardanne para visitar a Paco Griéguez, el último de los 520 murcianos superviviente de Mauthausen. Paco estaba acompañado de su inseparable Juana y recibió una emoción doble: nuestra visita y la recepción de una placa honorífica, remitida días antes por la Asociación de Memoria Histórica de Murcia, en reconocimiento a su resistencia y lucha contra el fascismo. Yo mismo abrí el paquete que la contenía (había llegado esa misma mañana).A lo largo de las más de dos horas de conversación, en las que fue desgranando sus vivencias, no se desprendió de ella. La emoción que nos embargaba a los presentes se palpaba en el salón de su modesta, pero acogedora, casa. Estos y otros detalles os los cuento hoy en mi artículo de La Opinión.

http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2017/07/11/paco-grieguez/844404.html

Con Paco Griéguez y su compañera Juana, a la izquierda de la foto.

Con  Paco Griéguez

Tenía que conocerle personalmente aprovechando mi breve estancia por tierras francesas. El pasado día 5, Juana, su compañera, nos recibió a Mari Carmen y a mí en su modesta, pero acogedora, casa de Gardanne, cerca de Marsella. El murciano Francisco Griéguez Pina (Paco para los amigos) nos esperaba. El periodista Carlos Hernández de Miguel, su biógrafo, y el joven historiador ceheginero Víctor Peñalver, que lo ha tratado, nos sugirieron que merecía ser homenajeado. Al llegar a su casa, una sorpresa: la placa honorífica que la Asociación de Memoria Histórica de Murcia-Tenemos Memoria le había remitido, que incluía una leyenda en reconocimiento a la resistencia y lucha de este superviviente del genocidio nazi contra el fascismo, se encontraba allí, sobre la mesa del salón de la casa.

Tras el saludo, con un Paco emocionado por la visita de un paisano de su 'Murcia del alma', yo mismo procedí a la apertura del paquete. El intercambio de obsequios fue mutuo: en el transcurso de la conversación, Paco me obsequió con libros personales sobre ese campo del horror que quería que yo custodiase. Uno de ellos, Histoire de Mauthausen, del deportado José Borrás, una edición especial para él de junio de 1989. De los 10.000 españoles que fueron deportados a esos campos de la muerte, sobrevivieron menos de la mitad. La Región aportó 520, y sólo sobrevivieron 235. Entre ellos se encontraban 85 personas de Murcia capital, de las que 53 fallecieron. Y Paco aún vive para contárnoslo.

Al estallar la Guerra, y con apenas 18 años, se alista voluntario en el Ejército republicano, en la Compañía Ángel Pestaña, donde, según me cuenta, coincidió con varios jóvenes de Bullas. Luchó en la batalla del Jarama, que, según Paco, fue un infierno en el invierno, por el barro y el frío. Tras la caída de Barcelona, en febrero de 1939 comienza el éxodo imparable de civiles y militares republicanos a territorio francés. Más de medio millón de personas (entre ellas, el poeta Antonio Machado y su madre, cuya tumba visitamos el pasado día 6 en Collioure) son recluidos, más que alojados, en campos de triste recuerdo, inicialmente sin barracones, al aire libre, en Argèles sur Mer, en Saint Cyprien, en Le Barcarès, y otros. Paco estuvo en estos dos últimos. Pronto, sin embargo, se enrolaría en el Ejército francés. Tras la ocupación nazi de Francia, fue hecho prisionero, pero, en castigo a su condición de republicano, es conducido como muchos otros al campo de Mauthausen, en donde permaneció cuatro años, hasta su liberación en mayo de 1945.

La conversación transcurre en el salón de su casa, con Paco sentado sobre el sofá, porque, me dijo, «me fallan las piernas, aunque no la cabeza». Detecto cómo se le humedecen los ojos y se le quiebra su ya débil voz. Va a cumplir los 99 años el próximo octubre, pero conserva una gran lucidez mental, una memoria envidiable y hace gala de un contagioso buen humor. Sus vivencias de ese campo del horror se entremezclan con otras más gratas, como cuando me recordaba, no sin un halo de nostalgia, su trabajo de joven en aquella juguetería de la calle de la Aurora, de Murcia, o su traslado al Ranero, desde Fortuna, tras la muerte de su padre, guardia civil.

«Hoy, a más de setenta años de aquella experiencia, aún tengo pesadillas. Sueño con ese campo», me confesó con la voz entrecortada por la emoción. Calificó de 'animales' a los jóvenes miembros de las SS. Un día estuvo a poco más de dos metros de Heinrich Himmler, líder nazi que, junto a Ramón Serrano Súñer, colaborara en el acercamiento diplomático de Alemania y la España de Franco. Según Paco, el paso que mediaba entre la muerte en Mauthausen o la supervivencia tenía que ver con la fortaleza física y mental, un destino afortunado, fuera de la horrible cantera que tantas víctimas ocasionó, o la suerte de no ser uno de los elegidos para la tortura en público y el ajusticiamiento delante de los demás. Me recordó la triste suerte que le cupo a un oficial ruso, asesinado como muchos otros, con un método infalible: a veinte grados bajo cero, se le roció con agua tibia y allí, inmovilizado, apareció convertido en una estatua de hielo al día siguiente.

Imposible relatar dentro de los límites de un artículo todas sus experiencias. Pero quiero destacar que dos cosas le emocionaron especialmente: recibir la placa honorífica de la Asociación de Memoria Histórica y atender la llamada del alcalde de su ciudad, José Ballesta, que quiso comunicarle el homenaje que el ayuntamiento de Murcia quería tributarle a él y a los otros 84 murcianos deportados, y que se materializó en la moción aprobada en el último pleno de junio.

Tras mi encuentro con Paco, visité el recientemente inaugurado Memorial del Campo de Argèles sur Mer. Olga, la responsable de la exposición, me dio detalles de la iniciativa de ese pequeño municipio francés para que la Memoria de tantos y tantos deportados republicanos no quede en el olvido. El ayuntamiento de Murcia, como otros del resto del país, ha empezado a dar pasos en ese sentido. A ver si el Estado se digna, algún día, homenajear a las víctimas del fascismo.