martes, 28 de octubre de 2008

GARZÓN REMUEVE EL LODAZAL


(Artículo publicado en LA OPINIÓN de Murcia / 28-10-2008)



Tras la decisión del juez Baltasar Garzón de poner nombre a los crímenes franquistas, estalló la polémica y, como era de esperar, sectores conservadores de la propia Audiencia Nacional han movido ficha e instado a la fiscalía a la paralización del proceso. En efecto, el fiscal Zaragoza anunció que recurriría el procedimiento, razón por la cual el ‘juez estrella’ ha obligado al fiscal a recurrir ante él mismo, usando una argucia jurídica: transformar las diligencias previas en sumario. Al margen de mi consideración personal hacia la figura de este juez, denostado por muchos por su narcisismo poco encubierto, lo cierto es que, a más de 70 años de la sublevación militar contra el régimen legítimo de la II República, sublevación que está en el origen de más de medio millón de víctimas, igual número de exiliados y miles de fusilados por procedimientos extrajudiciales, ya era hora de que alguien se atreviera a hacer lo que la Transición fue incapaz de denunciar: que el régimen franquista fue un sistema político genocida y que practicó lo que instancias internacionales califican de ‘crímenes contra la humanidad’.

Los temores a que se remueva el lodazal del franquismo proceden, sobre todo, de una derecha que no ha sabido –o no ha querido- desprenderse del todo de su herencia ideológica del pasado franquista. Su apelación a la asimetría del proceso que ha emprendido Garzón es interesada y falsa. Interesada precisamente por ese lastre que arrastra del franquismo y falsa por cuanto, si bien es cierto que la represión se dio entre las dos partes enfrentadas en la guerra, los historiadores más objetivos y entidades asociativas como el Foro por la Memoria advierten que la represión republicana fue espontánea, desde abajo, fruto de los odios de clase, y el gobierno consiguió controlarla poco a poco, mientras que la rebelde fue una represión de Estado, programada e impulsada desde arriba. Las acciones represivas republicanas no alcanzaron a todo el territorio nacional, pero las franquistas abarcaron primero una parte de España y posteriormente a todo el país. La represión republicana dejó de ser significativa a los seis meses del estallido de la rebelión, y, por el contrario, la franquista se mantuvo durante décadas. La represión republicana no era una estrategia de guerra, sin embargo, la rebelde era estratégica y usaba los fusilamientos en masa como medio de asegurar la retaguardia… En todo caso, mientras las muertes practicadas por milicianos izquierdistas y demás en el lado republicano las pagaron sus autores con creces, con la muerte o el exilio, es cierto que las registradas en el bando franquista quedaron impunes. En España no ha habido luto por los miles de muertos que yacen sepultados en cunetas de las carreteras y en fosas comunes en todo el territorio, fruto de la represión franquista. Como afirma Josep Ramoneda en un reciente artículo en EL PAÍS, “aquí se cerró en falso el ‘edificio’ de la Transición” mediante una amnistía que trataba por igual las posibles acciones ilegales de la izquierda, muchas de las cuales nunca hubieran sido consideradas así en un sistema de libertades democráticas, que las auténticas atrocidades cometidas por el bando franquista. Particularmente, pienso que el miedo al ruido de sables y la generosidad de la izquierda para cerrar un periodo de confrontación entre las ‘dos Españas’ contribuyeron a que aquellos crímenes y sus autores quedaran impunes. Es más, con la aceptación de una monarquía que hunde sus raíces en la Ley de Sucesión franquista, ese régimen quedó legitimado. Por eso son de comprender las reticencias expresadas por tantas y tantas voces ante los silencios y debilidades de una tibia Ley de la Memoria Histórica que no condena al franquismo (sólo declara la ilegitimidad del mismo) y que niega actuaciones y fondos estatales para exhumar los restos de la represión, para escarbar en el lodazal de aquel régimen genocida. Por eso, aunque insuficiente, sea bienvenida la iniciativa de Garzón.

9 comentarios:

ernesto51 dijo...

Totalmente de acuerdo con tu entrada; leí el artículo qe citas de Josep Ramoneda y me pareció genial. Creo contigo que no se pueden olvidar los hechos y es importante mantener y dar a conocer lo que supuso el franquismo y la represión.

Un saludo

supersalvajuan dijo...

La Transición. ¿Una época para olvidar?

Anónimo dijo...

Puestos a recordar, le pediría también al juez garzon que investigue la relación de Santiago Carrillo con los trágicos sucesos de Paracuellos, o la responsabilidad del gobierno de la República en las famosas checas y los pasillos y asesinatos a las cunetas de nuestras carreteras, o las salvajadas cometidas en la iglesias. ¿No te parece?

Anónimo dijo...

Me gustaría recordar a Diego y a su Garzón lo que eran las chekas en España durante la tan amada por él segunda república.
Recuerda que las chekas eran locales que durante la guerra civil española utilizaban los Republicanos milicianos de partidos y sindicatos de izquierda para detener, interrogar y juzgar de forma sumarísima. Eran conocidas por la calle donde se encontraban, o bien por el nombre del que las dirigía. Aparte de las que dependían directamente del Gobierno de la República –como las de las calles de Bellas Artes y Fomento 9–, cada partido político, ateneo, comité, sindicato u organización del Frente Popular disponía de la suya propia.
Se llamaban checas por ser éstas las siglas del organismo de la policía política en la URSS de 1917.
Ubicación
En total fueron unas 331, según las fuentes, si bien no funcionaron todas al mismo tiempo. Estaban ubicadas principalmente en Madrid, Valencia y Barcelona, muchas de ellas en pisos incautados o Iglesias.

Checas de Madrid
Checa de Fomento o de Bellas Artes. Situada en el sótano del Círculo de Bellas Artes, calle Alcalá 40. El 25 de octubre de 1936 se trasladó a la calle Fomento 9. Actuaba como Comité Provincial de Investigación Pública, creado por iniciativa de Manuel Muñoz Martínez, Director General de Seguridad el 4 de agosto de 1936. Estaba formado por tres miembros de cada partido del Frente Popular, constituyendo en total un Comité directivo de treinta personas que formaban seis tribunales que tomaban decisiones de vida o muerte inapelables, sin procesos ni garantías. Si el detenido era considerado culpable se escribía en su sentencia la palabra "libertad" seguida de un punto y se le invitaba a irse a casa, pero a la salida lo esperaba un grupo de milicianos que en un automóvil lo llevaban al "paseo" y lo asesinaban. Junto a ello se realizaban numerosas torturas y robos de propiedades [cita requerida].
1. Checa de la Escuadrilla del Amanecer, ubicada en la Dirección General de Seguridad.
2. Checa de Marqués de Riscal, ubicada en el palacio de los condes de Casa Valencia.
3. Checa de Narváez, ubicada en la calla Narváez 18 y 20. Más tarde se trasladó a la calle Jorge Juan 68.
4. Checa de San Bernardo, ubicada en la Iglesia de la calle de San Bernardo 72 y 74.
5. Checa de Ferraz, ubicada en la calle Ferraz, 16.
6. Checa del cuartel de Espartaco o Spartacus, ubicada en la calle de Santa Engracia 18.
7. Checa del Ateneo Libertario de Ventas de CNT, ubicada en el arroyo del Abroñigal, junto al puente de Ventas.
8. Checa de la estación de Atocha, ubicada en el Salón Regio de la estación de Atocha. Más tarde en la calle Príncipe de Vergara 9.
9. Checa del cinema Europa, ubicada en el cine Europa de la calle de Bravo Murillo 150.
10. Checa de Lista, ubicada en el edificio del convento de clausura de las religiosas de la Concepción Jerónima, esquina con la calle Velázquez.
11. Brigada de Investigación Criminal. Era una checa de ubicación móvil.
12. Checa comunista de la Guindalera, ubicada en un chalet llamado "El Castillo" de la calle Alonso Heredia 9.
13. Brigada de Servicios Especiales o checa del Marqués de Cubas, ubicada en un piso de la calle del Marqués de Cubas 19.
14. Checa de la Agrupación Socialista de Madrid, ubicada en la calle Fuencarral 103.
15. Linces de la República, ubicada en la Casa de Campo.
16. Checa del palacio del conde de Eleta
17. Checa de la comisaría de Buanavista
Checas de Valencia [editar]
1. Checa de Santa Úrsula, ubicada en el convento de Santa Úrsula, en la plaza del mismo nombre.
2. Checa de Sorní
3. Checa de la calle del Grabador Esteve
4. Checa del Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, ubicada en calle de Navellos.
5. Checa de la calle de Carniceros, ubicada en el colegio de los Escolapios, en la calle Carniceros 6 de Valencia. Fue denominada preventorio número 1. En esta checa estuvieron algunos ciudadanos como Carlos Bosch Diaz entre el mes de Septiembre a Diciembre de 1938, Jefe Tecnico de Aduanas en Cullera y detenido por miembros del SIM en Gandia en el mes de septiembre de 1938 [cita requerida].
6. Checa del colegio de los Escolapios de Gandía, ubicada en el edificio de la antigua universidad. Tal vez una de las checas más activas fue la que se estableció en el colegio de los Escolapios de Gandia, situada en el edificio de la antigua universidad de esta ciudad, creada por los jesuitas en el siglo XVI. Allí fue instalada en las primeras semanas de la guerra civil una checa donde eran internados «los que por su ideal político, posición económica o ideas religiosas, eran considerados enemigos de la causa roja». Al frente de ella se encontraba Roberto Espinosa Verdú, que como delegado del gobernador civil de la provincia de Valencia, desde el comienzo de la contienda actuaba como jefe. Conjuntamente con éste ejercían también la máxima autoridad los hermanos Ramón y Andrés Perelló Peiró, José María Castellá Lloret, Enrique Ballesteros Valero, Antonio Azcón Cornell, José Pedraza Lillo, Rafael Pérez Martí, Benjamín Bravo Morales, Benjamín Benedito y José Fayos. Entre los que fueron bárbaramente maltratados estaban el padre rector de los jesuitas, Tomás Sitchas; el padre Constantino Carbonell; los hermanos jesuitas Grimaltos y Gelabert; el doctor José Melís y el obrero Pascual Moreno y otros muchos que luego fueron asesinados [cita requerida].
Checas de Barcelona [editar]
1. Checa de la calle Zaragoza, ubicada en el antiguo convento de religiosas sanjuanistas, también llamada Preventorio G.
2. Checa de la Tamarita
3. Checa del Seminario
4. Checa de Vallmajor, también conocida como Preventorio D.1 Estaba ubicada en el antiguo convento de Magdalenas de la calle Vallmajor. Como todas las checas de Barcelona, dependía en un primer momento del Partido Socialista Unificado de Cataluña, y más tarde del Servicio de Información Militar (S.I.M.), adscrito al Gobierno Central, hasta octubre o noviembre de 1937. El preventorio D, y un chalet situado en la acera de enfrente, formaban la sección sexta del S.I.M.

Anónimo dijo...

Hola Diego, soy Federico Jimenez lossantos bis. Lea esto, por favor
Memoria histórica: la quema de iglesias
10.05.06 | 23:25. Archivado en Noticias, Memoria histórica


Hoy se cumplen 75 años de la quema de edificios religiosos católicos que empezaron en Madrid y se extendieron a varias ciudades españolas. La gravedad se debió a que el Gobierno republicano no intervino para impedirlos ni para perseguir a los culpables. Es un episodio que despoja a la República de sus ropajes democráticos.

Reproduzco unos párrafos del comunicado distribuido por el Foro para la Reconciliación Histórica (fororeconciliacion@telefonica.net). Es largo, pero merece la pena. Para conocer nuestro pasado:

El 10 de mayo de 1931 se celebró la primera asamblea del recién constituido legalmente Círculo Monárquico Independiente. Ante la noticia de este acontecimiento, la izquierda radical no se muestra dispuesta a aceptar la posibilidad de expresión de gentes con ideas contrarias a las suyas: esa misma tarde, como contó en 1935 Enrique Matorrás, entonces Secretario del Comité Central de la Juventud Comunista, se acuerda una huelga general y una “jornada de lucha” en reivindicación de las instrucciones que la III Internacional había dictado a sus miembros en España, y que aparecieron publicadas en el Pravda de Moscú el 16 de febrero anterior.

Esa misma noche se intentó asaltar dicha asamblea del Círculo, produciéndose agresiones e incendio de vehículos en la calle de Alcalá, se incendió el quiosco del diario El Debate en la misma calle y se intentó, sin éxito, el asalto al ABC, frustrado por las fuerzas del orden. Ambos periódicos, católico el primero y monárquico el segundo, habían aceptado el cambio de régimen.

A la mañana siguiente, 11 de mayo, empezó el asalto a iglesias y conventos de la capital. Fueron incendiados y saqueados numerosos edificios, como el Colegio de Maravillas, de los salesianos, para hijos de obreros, la Iglesia de Santa Teresa, junto a la plaza de España, el colegio de los jesuitas de Areneros (la actual sede de ICADE–ICAI), en la calle Alberto Aguilera, y muchos otros. Incendios y saqueos que se produjeron ante la pasividad de la Policía, que había recibido orden expresa del Gobierno de no intervenir, como un año después confesó Miguel Maura, Ministro de la Gobernación en el momento de producirse los hechos.

Ante la impunidad con que se desarrollaron las algaradas en Madrid, al día siguiente se extendieron los asaltos, agresiones y quemas de edificios a otras provincias: Sevilla, Cádiz, Málaga, Murcia, Alicante, Valencia... Fueron esta propagación de los disturbios y el miedo a una espiral de violencia cuya represión podía implicar el derramamiento de sangre las que hicieron que, finalmente, el Gobierno autorizara a Maura a emplear a las fuerzas del orden para restaurar la seguridad en las calles.

Aporto la crónica periodística de Josep Pla y la condena del partido de José Ortega, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala. En la guerra, los cuatro colaboraron, de una forma u otra, con los rebeldes

Anónimo dijo...

crónica de josep Pla en 1931
La inauguración, en la calle de Alcalá, de un Círculo Monárquico el 10 de mayo de 1931 fue considerada por algunos republicanos como una provocación, su respuesta fue el intento de incendiar los locales del diario monárquico ABC de Madrid. Al día siguiente, grupos incontrolados quemarán 11 edificios. Entre ellos, la iglesia y residencia de los jesuitas de la calle Flor, el convento de monjas bernardas contiguo y la iglesia y convento de las Carmelitas de la Plaza de España.

El escritor Josep Pla relata cómo se produjeron los incendios:

Domingo 10 de mayo. Apertura de la válvula (...). De madrugada ya clareaba y la gente tiene una blancura fosfórica en la cara, sin saber muy bien de dónde viene, surge una palabra que cubre rapidísimamente la Puerta del Sol. «¡Los conventos! ¡Los conventos!» se oye decir. Son las tres y media. En un primer momento los grupos no saben qué hacer. Por dónde hay que empezar. Los grupos enfilan lentamente por las calles adyacentes. La gente que queda parece muy cansada. Pasadas las cuatro, en la plaza queda poca gente. Los timbres del Ministerio -en el silencio relativo, que aumenta- se oyen desde la calle. Después oiría decir que fue en ese momento cuando se les comunicó a algunas órdenes religiosas que el Gobierno no podía darles seguridades. ¿Es cierta la información? ¿Es interesada? No lo sé. Los jesuitas tienen un convento, que llaman de la Flor, en el tercer tramo de la Gran Vía. Me aseguran que los jesuitas del convento de la Flor dicen la última misa a las ocho de la mañana. A las nueve, el edificio quedó, en gran parte, abandonado.

Lunes 11. La quema de los conventos. Sale la primera bocanada de humo por el rosetón de la iglesia del convento de los jesuitas de la Flor. Ese establecimiento no está muy lejos de la pensión en la que vivo. La señora de la casa me grita descompuesta y alterada y me invita a subir a ver el fuego desde la azotea. Arriba en la azotea hay bastante gente. Un orador trata de informar a los que nos encontramos en el lugar. Debe ser -sospecho- un inquilino de la casa. Según ese ciudadano, una docena de críos, tres o cuatro descamisados, dos o tres furias, lo han hecho todo. Con unos tablones que había en la Gran Vía han derribado una ventana baja. Ya dentro de la iglesia, han hecho un montón con sillas y bancos, que han rociado de petróleo, y todo ha prendido como la paja. Detrás del rosetón de la iglesia se ve una larga llama, altísima, que se estremece y llega hasta el techo. Afuera, en la Gran Vía, la guardia civil a caballo, mano sobre mano, pasa el rato fumando cigarros a escondidas. Ante el incendio, la reacción de la gente es realmente curiosa.

Poco después de haberse iniciado el fuego, se acerca por ambos tramos de la Gran Vía una riada de gente que viene sin duda a contemplarlo. Las azoteas cercanas están llenas de gente. En la nuestra, la gente comenta el hecho como si tal cosa. Una nube de vendedores ambulantes se ha colocado muy cerca de la acera del convento previendo que una gran muchedumbre desfilaría ante la popularísima iglesia mientras se quema. De esta manera, una parte de los madrileños ha podido contemplar el espectáculo comiendo churros, buñuelos y esos helados que aquí se llaman polos. También se ofrecen cordones de zapatos, tres corbatas por una peseta, gomas para llevar bien sujeto el varillaje de los paraguas, matasuegras, romances de cordel, retratos de Galán y García Hernández y no sé cuántas cosas más.

Es curioso realmente ver al pueblo de Madrid con un churro en la boca, los ojos llenos de curiosidad, una sonrisa de fiesta en la cara, mirando cómo sale la humareda del convento. De vez en cuando, se oye el estrépito de un techo que se hunde, con gran estruendo, levantando una nube de polvo y de humo. La gente se mira entonces con una especia de sombra de terror extraño. La gente se quita de encima como puede el remordimiento por la quema. A veces parece que la gente se olvida observando que el día es espléndido, que no se mueve ni una brizna de viento. A veces, en Castilla, se dan días así: estáticos, encantados, inmóviles. Realmente, el día es ideal para quemar conventos sin drama, viendo cómo las columnas de humo siguen una admirable verticalidad, que parece a propósito. Pensando en los estragos que habría podido producir de haber hecho viento, la calma de aire parece una concesión humanitaria -casi diría providencial- para estos incendios. Una gran parte de la población de Madrid desfila mientras tanto por la Gran Vía. Los vendedores hacen su agosto. Una fila de ciudadanos, apoyados en la pared, aprovechan el tiempo y se hacen limpiar los zapatos. Durante muchas horas, no ha habido en Madrid mejor distracción que la quema de los conventos. Sería un error, sin embargo, creer que todo el mundo la ha visto igualmente. Muchos ciudadanos la han contemplado con caras largas y tristes. No sé si resignados. Casi me atrevería a decir que el terrible desatino ha agradado muy poco en Madrid, por no decir ni pizca -quiero decir entre las personas conscientes- (...).

Viernes 15. En la semana de la quema de conventos ha habido en Madrid cuatro corridas de toros en la plaza grande y una o dos corridas de novillos en la plaza de Tetuán. Todo ha ido admirablemente. Mucha gente. En este país se puede producir cualquier cosa, incluso muy grave, el acontecimiento más sensacional, uno de esos acontecimientos que en otro país preocupan durante mucho tiempo, y, al poco de haberse producido, una buena parte de la gente adopta un aire, primero de suficiencia, después de indiferencia real o fingida, finalmente se acaba comentando el último chiste con más éxito en el momento.

No creo que exista en el mundo imaginación suficiente para describir las dimensiones que tendría que tener una desgracia o simplemente un hecho para llegarnos a interesar seriamente unos minutos seguidos. Lo único que nos interesa realmente es la sensación momentánea, el instante instantáneo e inmediato. Contemplaríamos, probablemente, un hundimiento de gran volumen con una impavidez majadera, si encontrábamos que el espectáculo era suficientemente cómodo y divertido.

(...) A medida que han ido pasando las horas después de la quema, Madrid, quiero decir el centro de la ciudad, parece haberse entristecido un poco. He oído decir a mucha gente que se había acabado la luna de miel de la República. Esa historia de los conventos ha hecho reflexionar a mucha gente. «¿Dónde va la República?», se pregunta. Reflexionar sobre una cosa tan complicada como es la política siempre resulta embarazoso. Sea como fuere, la primavera de Madrid es magnífica (...) La quema de los conventos ha sido un espectáculo que no se ve todos los días, y este pueblo paladea las novedades. Por si la variedad no fuera muy fuerte, acaban de suspender las garantías constitucionales. «¡No busquemos tres pies al gato!», dice la gente. «Mañana será otro día y lo que fuere sonará».

Diego Jiménez dijo...

Conozco esas tropelías. Pero, insisto, el gobierno legítimo de la República no las alentó. En todo caso, son espontáneas y no programadas. Coincido, pues, con las Asociaciones por la Memoria Histórica que los crímenes del franquismo fueron más duraderos en el tiempo, con un carácter estratégico y, lo que es más importante, planificados por el Poder. No comparemos la magnitud y extensión de unos y otros. Desgraciadamente, las guerras civiles llevan a eso. Pero hay que recordar que la Guerra Civil no fue querida por una República que en el artículo 6 de su Constitución "renuncia a la guerra como medio de resolver los conflictos".
De modo que, como digo en mi artículo, "aunque tardía, sea bienvenida la iniciativa de Garzón".

Clares dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Diego. Tres años para la violencia generalizada y cuarenta para la violencia del bando vencedor. Quiero recordar que Franco murió matando, desoyendo las voces de la comunidad internacional, incluido el Papa, cuando los fusilamientos de Hoyo de Manzanares. Y esos por lo menos tienen sepultura, aunque los dejaran previamente irreconocibles por las torturas.

Anónimo dijo...

Entonces también estarías de acuerdo en que se haga una ley de memoria histórica en Cuba Para condenar el castrismo que lleva 50 años en el poder como Franco, fusilando y acallando a los opositores. También la represeión castrista es duradera en el tiempo como tú dices, como la de Franco. ¿Qué piensas de esto, Diego?