martes, 13 de junio de 2017

Antídotos contra el yihadismo


http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2017/06/13/antidotos-yihadismo/836855.html

La sinrazón y la barbarie del terrorismo yihadista no cesan. En el intervalo de tiempo que media entre mi columna de hace quince días, en la que reflexionaba sobre el atentado de Manchester, y la que tienen ante ustedes, hemos asistido a otros atentados en Londres (el tercero en tres meses), en Teherán, de nuevo en París, en Bagdad... Con víctimas siempre anónimas que, para no perder la costumbre, alimentan el morbo de los servicios informativos. De telón de fondo, las elecciones legislativas en el Reino Unido. Theresa May no sólo ha sido castigada en las urnas por su arriesgada apuesta por negociar el Brexit desde posiciones de fuerza, sino, sin duda, por sus recortes en materia de seguridad. Además, su apelación, tras los últimos atentados, a restringir algunos derechos humanos no habrá sentado bien al sector más progresista de sus votantes, como tampoco su nombramiento como ´Islamófoba del Año´, en 2015, por la Comisión Islámica de Derechos Humanos.
Pero el caso de May no es el único. Creo que no estoy muy equivocado si afirmo que a las clases dirigentes europeas les trae al pairo el goteo incesante de víctimas mortales (más de 900 desde los atentados del 11M de Madrid en 2004). Hace unos días, en La Sexta, el expresidente del Gobierno José María Aznar a preguntas de los periodistas sobre los atentados de Londres, lejos de mostrar empatía con el sufrimiento de las familias de las víctimas, se descolgó con una sorprendente declaración en la que se alegraba de la victoria del Real Madrid en la Champions. Y es que, digámoslo con toda claridad, a los dirigentes y exdirigentes europeos les importa un comino nuestra seguridad porque, como en el caso de Aznar (¿recuerdan el ´Trío de las Azores´?), son claramente corresponsables de la espiral de violencia terrorista que nos azota.
En mi artículo anterior aludí a la venta de armas de Trump a Arabia Saudí, por valor de 110.000 millones de euros. Pero también el Reino Unido, Francia y muchos más países (entre ellos, España) venden armas, a cambio de suculentos contratos, a Arabia Saudí y a sus aliados, armas que van a parar a manos de los grupos fundamentalistas islámicos que combaten en Irak y Siria y que son los mismos que protagonizan atentados en suelo europeo. Qatar se suma a esa lista de países receptores de armamento, por lo que el reciente aislamiento diplomático de esta monarquía petrolera, acusada de connivencia con el terrorismo, no es sino un acto de sublime hipocresía. Vladmir Putin (démosle la credibilidad que queramos al dirigente ruso) afirmaba en la cumbre del G20 de 2015 que hasta cuarenta países financiaban directa o indirectamente al Estado Islámico (EI).
Otro asunto del que poco se ha hablado, y que justifica la fortaleza y pervivencia del EI, es la venta (contrabando) de petróleo que ha venido haciendo a países como Turquía e Irak, por debajo del precio de mercado (de veinticinco a cuarenta euros el barril, cuando éste estaba a cien euros), y del que, paradójicamente, se beneficiaba también el propio Gobierno sirio que lo combate.
Como verán, todo lo que rodea al fenómeno terrorista yihadista es muy complejo. Pero no todo está perdido. El País nos daba cuenta hace unos días de que la cadena por satélite MBC, la más vista en el mundo árabe con más de 130 millones de telespectadores, ha puesto en antena la serie Garabibi Sud (Cuervos negros), en donde el ISIS tiene un protagonismo negativo. En treinta episodios, la serie nos ilustra sobre la difícil supervivencia de la población de Raqqa, la capital del califato yihadista. Y, para dotarla de mayor verosimilitud, en ella intervienen actores de diversas partes, incluso de Túnez, el país que aporta hasta 5.500 voluntarios que combaten en Siria e Irak.
Además de la influencia que puede ejercer la televisión, la lucha contra el terrorismo yihadista ha de partir de la sociedad civil. Muchos recordamos la tremenda movilización que se dio en España contra la guerra de Irak, a primeros de 2003. Catorce años después, la espiral belicista que vivimos justificaría una movilización similar por parte de la ciudadanía europea, pues poco hemos de esperar de los Gobiernos y de sus servicios de Inteligencia.
En Europa y en otras zonas del mundo, el racismo, la intolerancia y la xenofobia son manejados de manera hábil por la extrema derecha con fines claramente electorales. Por otro lado, la ignorancia, la exclusión y la pobreza son los ´combustibles´ que alimentan al terrorismo yihadista. Por eso, expertos consultados por la UE recomiendan que se incremente un activismo prodemocrático desde plataformas no gubernamentales, con un acercamiento a las comunidades musulmanes locales, sin desdeñar la colaboración activa de imanes y exyihadistas. Añaden que la democracia y el pensamiento crítico son el mejor antídoto contra la intolerancia de uno y otro lado.
Y de ahí que la lucha por el reforzamiento de la democracia y por un sistema educativo que inculque valores como la empatía, la solidaridad, el respeto y la tolerancia sea primordial en estos momentos.