lunes, 28 de abril de 2008

TRANSICIÓN EN LA HABANA







(Reportaje y fotos publicados en LA OPINIÓN de Murcia, el 27 de abril 2008. Sección "Internacional", a doble página)

La vieja ciudad colonial español se remoza y supera poco a poco, tras la llegada de Raúl Castro al poder, los traumas del 'periodo especial' al que estuvo sometida durante años.

Diego Jiménez.- Nunca había cruzado el ‘charco’. Anunciada la renuncia de Fidel a la presidencia del Consejo de Estado cubano, tenía especial interés en viajar a Cuba para palpar, siquiera por unos breves días, la realidad cotidiana de ese país socialista caribeño. La primera sensación, al abandonar la terminal del aeropuerto camino del hotel ‘Mercure-Sevilla’, bello y emblemático edificio situado en la calle Trocadero en pleno centro de La Habana Vieja, que se significa, además de por su fachada con detalles arquitectónicos de estilo ecléctico con decoración neomudéjar, por haber alojado, entre otros personajes conocidos, al capo de la mafia Al Capone, era ese calor tropical no excesivamente severo, pero al que acompaña la sempiterna humedad ambiental que lo hace menos soportable.

El cambio
Tras una visita a la zona rural de Pinar del Río y la bella localidad de Viñales, con un valle tropical que es un deleite para los sentidos, al día siguiente me dispuse a visitar al biógrafo oficial del Che Guevara. En mi maleta era portador de varios presentes enviados por un amigo de Murcia para Froilán González, profesor universitario, miembro de la Unión Nacional de Artistas y Escritores de Cuba (UNAE), que, junto con su mujer, Adys Cupull, se han venido encargando estos últimos años de investigar y escribir sobre la vida y obra de diversos personajes de ese país, con más de 28 títulos en su haber. Pero predominan los libros sobre el Che. Tenía interés en saludar personalmente a este intelectual y el encargo recibido desde Murcia me facilitó las cosas. Desde el hotel, tomé un taxi que me condujo hasta su domicilio, próximo a la Universidad de La Habana. Me recibió en su modesta casa, repleta de libros, con unas dos mil publicaciones, es decir, prácticamente todo lo que se ha publicado sobre este personaje de leyenda, textos a favor y en contra. Las paredes del salón estaban adornadas con multitud de imágenes de este revolucionario. Me advirtió que su casa funciona como un centro de estudios e investigaciones, abierto a toda aquella persona que se interese por ahondar en la biografía de este personaje.

Conversamos largamente durante dos horas. Froilán me dio infinidad de detalles sobre el curso de la Revolución en estos años. Me habló del periodo especial, tras la caída del Muro de Berlín y del telón de acero, y de cómo en esos años Cuba redujo el suministro eléctrico a unas diez horas escasas. En el país faltaba de todo, tras la desaparición del ‘paraguas’ protector de la Unión Soviética y de un comercio desigual, en el que Cuba intercambiaba azúcar por petróleo de la URSS, leche de la RDA y bienes de equipo de otros países, como Checoslovaquia. En opinión de Froilán, la caída de la URSS fue un hecho positivo para Cuba, pues le abrió a este país los ojos a la realidad obligándole a aprender a “valerse por sí mismo”. Hoy, a diez años de esos aciagos tiempos, Cuba se levanta. La tímida pero evidente apertura que está propiciando Raúl Castro coexiste con realizaciones importantes en los campos agrario y energético, pues se han descubierto yacimientos de petróleo en la zona occidental marina de la Isla. Hoy ya no hay cortes de suministro eléctrico, pero el ahorro energético lleva a usar lámparas de bajo consumo y a mantener una iluminación mínima, pero suficiente, en las calles de la capital.

Quiso saber qué cosas había visto que no me agradaban en exceso. Le confesé que me había impactado el bajo nivel salarial de la población - afirmación con la que asintió en parte- así como la evidente falta de libertad de prensa. Froilán me informó que, tras el periodo especial, el gobierno se está empezando a enfrentar a los problemas por prioridades. Superada la etapa de la escasez alimenticia, la siguiente prioridad fue asegurar el suministro energético y, al día de hoy, consolidar una red de transporte urbano e interprovincial que era deficiente.

Le pregunté por qué no se permitía la lectura de la prensa extranjera. Su afirmación fue tajante: “Cuba es un país que se ha sentido, y se siente, permanentemente acosado por EEUU y al régimen no le agrada propiciar la entrada de prensa que, como en el caso de ‘El País’, es visceralmente anticastrista”. Le dije varias cosas más, como la evidencia de que, de no mediar cambios visibles, es posible que la juventud cubana, que no vivió la Revolución, comience a cuestionar el modelo. Me dijo que esas preocupaciones llegan hasta el Gobierno. Me habló de la peculiar democracia cubana, que para él existe, y de cómo se eligen los diputados para la Asamblea Nacional. Los sucesivos ‘filtros’, desde los niveles de barrio, municipal, provincial y estatal no impiden, sin embargo, que lleguen al Parlamento cubano representantes genuinamente populares, que no siempre, como se piensa desde Occidente, son los representantes del PC cubano. Respecto del monopartidismo, Froilán relativizó su peso en la política cubana, en la medida, dijo, que se está notando una evidente apertura. Me afirmó, en definitiva, algo que parece evidente: si comparamos a Cuba con Francia, Alemania y España, pierde, pero gana en relación con Haití, República Dominicana e incluso México.

Un abrazo a Froilán y un beso a Adys sellaron el encuentro con estos intelectuales, con la constatación, por mi parte, de que, a partir de esa entrevista, gané dos amigos en la isla para un próximo viaje. Porque he de volver a Cuba. Un país que lucha por consolidar, con los cambios precisos pero sin injerencias extranjeras, el camino hacia el socialismo.

Impresiones

Si usted llega a La Habana por vez primera, ha de luchar por superar el impacto visual que le produce una ciudad que muestra el pasado esplendoroso de la que fue, al decir de algunos, la capital más hermosa de Latinoamérica en contraposición al aspecto decadente de tantos y tantos edificios, tantas y tantas fachadas que están pidiendo a gritos una urgente remodelación (aunque es cierto que se perciben obras de rehabilitación en un notable número de edificios). Pero, pasados unos días, cansados nuestros pies de patearse el casco viejo –porque La Habana está concebida para conocerla a pie-, pronto experimentará una sensación de encontrarse en casa, tal es el poder de imantar nuestro espíritu que tiene esta ciudad. La Habana tiene miles de lugares para perderse.

La vida cotidiana

Una de las primeras impresiones que podemos captar al pisar las calles de la ciudad es esa sensación de abigarramiento, producto de la multitud de gentes y etnias (sin que sea perceptible ningún síntoma de discriminación racial) que la pueblan y del tráfico incesante: coches antiguos de los años 50 del pasado siglo, de origen norteamericano, pero también autos de importación coreana y española, modernos autobuses de origen chino, triciclos que hacen las veces de taxi, ‘junto con los cocotaxis’, es decir moto-taxis, llenan las calles de una ciudad que, como todas las grandes urbes (La Habana se acerca a los 2,5 millones de habitantes), comienza a soportar el estigma de la contaminación ambiental.

En mis paseos por La Habana pude tomar contacto con las más variopintas gentes que pueblan sus calles: trabajadores de la hostelería, agentes de turismo, vendedores, gentes en apariencia ociosas que charlan en los portales de las casas, taxistas…Y la música caribeña, siempre presente: en la calle, en los hoteles, en los restaurantes.

En Cuba, toda la propiedad es estatal, de manera que son trabajadores del Estado quienes le venden a usted un recuerdo de su viaje, quienes le prestan un servicio de taxi o quienes le muestran posibles lugares para comer. Inevitablemente, otro de los impactos que le produce al viajero la presencia en esa ciudad es la constatación de la diferencia de renta entre el turista y el cubano medio. Al llegar a la isla cambiamos nuestros euros por lo que en Cuba se denomina ‘peso cubano convertible’ (en adelante CUC). En la fecha en que realicé mi periplo, mediados de marzo, el euro se cambiaba a razón de 1,37 CUC. El ciudadano cubano maneja, sin embargo, el peso cubano, cuyo valor es veinticuatro veces menor que el CUC, moneda a la que en Cuba se le denomina ‘divisa’. Hay bares y restaurantes para el turista y bares (tabernas) para el ciudadano cubano. Pero en algunos lugares se permite la entrada indistintamente al turista o al ciudadano autóctono, bien es cierto que, mientras aquél paga en CUC, el cubano, cuyo salario medio es de 15 dólares al mes, satisface el importe en pesos cubanos.

A menos que nos lo propongamos, cualquier ciudadano está dispuesto a contarnos detalles sobre la vida cotidiana en la isla. A diferencia de otras capitales del Este de Europa, no se percibe en ningún momento sensación de inseguridad. No he visto niños y niñas desnutridos en la ciudad. Las gentes visten austeramente, pero la higiene personal es notoria. Y la alimentación general está garantizada por el Estado, mediante la cartilla que racionamiento, que aún existe. El resto de artículos de consumo se puede adquirir en tiendas estatales, a precios razonables, aunque es cierto que empieza a aflorar un cierto ‘mercado negro’ que las autoridades se esfuerzan en erradicar. Empero, artículos que en nuestro país han experimentado una espectacular alza de precio (el pollo, los huevos…) han bajado de precio en Cuba. Pese al bloqueo, ciertas empresas de algunos Estados del vecino país norteamericano, como Oklahoma, mantienen intercambios comerciales con la isla, lo que ha permitido desdramatizar la situación de insuficiencia alimenticia que aquejó a este país durante el llamado ‘periodo especial’. Es cierto que el ciudadano cubano se las ingenia para mejorar su situación económica. Junto a la economía central planificada, empiezan a aflorar profesiones y oficios próximos a lo que en España denominamos trabajadores por cuenta propia (autónomos). Uno de ellos es el del taxista. Cualquier ciudadano que posea un ‘carro’ (la denominación más común de los coches en Cuba), burlando la vigilancia estatal a la que está sometido, se ofrece para hacerle la carrera a un precio que, eso sí, hay que negociar con anterioridad al servicio.

Grupo musical animando la comida en restaurante típico de La Habana.

1 comentario:

J. Navarro dijo...

Por fin veo las fotos.
Bien por el artículo.