lunes, 21 de diciembre de 2009

Poema de Ibn Arabí

¡Y pensar que los llamados responsables de la Cultura de esta Región han estado a punto de destruir un arrabal que, quizás, fuera pisado por este poeta sufí en sus años de infancia en Murcia!

Quiero felicitar estas fiestas con un precioso poema ecuménico de Ibn Arabí, un murciano que vivió a caballo de los siglos XII y XIII, época en la que, tras la descomposición del Califato cordobés y la posterior aparición de los Reinos de Taifas, Al Andalus conoció la presencia de almorávides y almohades.

Ibn Arabí vivió de lleno en la etapa de dominación almohade de Al Andalus, y murió lejos de su tierra natal, en Damasco. Os ofrezco una breve reseña biográfica de este murciano universal y, al final, el poema prometido.


Ibn Arabí (Murcia, 1165-Damasco, 1241) filósofo, teósofo y místico musulmán. Reconocido por la tradición sufí como el mayor maestro, fue un monista integral y un teórico de la unicidad del ser: su obra reconoce en toda experiencia el rostro de Dios y en toda imagen o forma, la huella divina. Mantuvo que el mundo se ofrece al hombre como la celebración perpetua de la presencia divina.

A pesar de sus esfuerzos por mantenerse dentro de la ortodoxia islámica, admitió la equivalencia de todas las creencias religiosas, en cuya variedad de rituales y leyes veía formalizaciones singulares destinadas a verbalizar el fervor religioso que habita en los hombres. Al situar dicha experiencia religiosa más allá de cualquier medida moral, negaba de modo implícito la existencia del infierno y afirmaba que el Paraíso acogería eternamente a todas las criaturas sin distinción.

Ello le valió la hostilidad de numerosos teólogos sunnitas, entre ellos el sirio Ibn Taymiyya (siglo XIII). Su poemario "La intérprete de los ardientes deseos", inspirado por una mujer persa, amalgama figuras bíblicas y coránicas. Por lo que se refiere a sus vastas "Conquistas espirituales", constituyen sin duda la enciclopedia más completa del sufismo.

Mi corazón se ha convertido en receptáculo de todas las formas religiosas: es pradera de gacelas y claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y Kaaba de peregrinos, tablas de la Ley y pliegos del Corán. Porque profeso la religión del amor y voy adondequiera que vaya su cabalgadura, pues el amor es mi credo y mi fe”.

5 comentarios:

Clares dijo...

Es precioso, amigo Diego. Ya lo conocía, pero me emociona siempre que lo vuelvo a leer. El año pasado lo leyeron dos niñas en la Biblioteca de mi centro, en eso que llamamos "Lecturas compartidas", una en árabe y otra en castellano. Fue maravilloso. Muchas gracias por recordármelo. Y felices fiestas y año nuevo. Un abrazo

Maryam dijo...

Hermosos poemas del gran Ibn al-'Arabi. Gracias por permitirme releer este en tu blog. Saludos...

Diego Jiménez dijo...

Gracias Fuensanta y Maryam por vuestros comentarios. Felices Fiestas. Un beso

L3óN dijo...

Felices fiestas diego!

Aprovechemos para renovar fuerzas e ilusión, que nos va a hacer mucha falta.

Un saludo

Abkrim dijo...

La intérprete de los ardientes deseos no tiene nada de inspiracion en una mujer, pues todo el conjunto es un hermoso tratado de su amor, su verdadero amor, Allah.

Esta lectura arabista, que es incapaz de ver esto, es tan peligrosa como la de sus enemigos, que le acusaron injustamente de haber salido del Islam.

Y la reseña, francamente es muy utilizada para hablar de un ecumenismo que no existio en sus escritos, pues el en ningun momento se aparto de saharia, y en ella, no hay espacio, para aceptar otras religiones que el Islam...

Pero claro, es, mal traducida, sacada de contesto y utilizada para dar una vision que no es real.

Allah sabe mas.