lunes, 8 de marzo de 2010

MANIFIESTO DE LA COMISIÓN 8 de MARZO

Murcia, marzo de 2010

"Diez años trabajando juntas"
Hoy 8 de marzo nos reunimos para conmemorar el Día Internacional por los Derechos de las Mujeres. Este año es para nosotras especialmente significativo porque se celebra un doble centenario, el de la publicación de la Real Orden de 8 de marzo de 1910, promovida por Emilia Pardo Bazán, que autorizó el acceso de las mujeres a la Universidad en España, y el de la elección del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, promovido por Clara Zetkin en la Internacional Socialista de Mujeres.
Pronto hará también diez años que creamos la Comisión 8 de Marzo.Aunque la situación que vivían las mujeres a principio del S. XX ha cambiado mucho, aún sigue siendo necesario pensar que no hay derechos definitivamente conseguidos. Hemos de seguir despiertas para mantener y ampliar nuestro horizonte de expectativas, tanto en nuestra vida privada como en nuestra vida pública. En estos momentos en los que la palabra crisis retumba en nuestros oidos como eco repetido, en estos momentos en los que las mujeres somos más vulnerables porque la pobreza y la exclusión nos amenazan especialmente, debemos hacer una llamada. Queremos que nuestras voces lleguen a todas las instituciones para que, a través de inversiones en servicios públicos, desarrollen políticas de igualdad efectiva que asuman la carga de los cuidados que hasta ahora hemos realizado las mujeres: escuelas infantiles para nuestras criaturas, residencias para nuestros mayores.
Debemos estar unidas para celebrar nuestra fuerza y nuestros diversos quehaceres. Unidas para que el miedo y la inseguridad no se apoderen de nuestras vidas.Nos reconocernos plurales, mostramos públicamente que queremos apropiarnos de nuestros deseos y acciones y compartir nuestra experiencia de vida. En pocas palabras: consideramos que lo personal es político.Uno de los empeños más recurrentes del patriarcado ha sido el de dominar y controlar los cuerpos de las mujeres, unas veces a través de la brutalidad más evidente, otras, a través de métodos más sutiles como horas de trabajo interminables, o educando en una heterosexualidad obligatoria. Un cuerpo de mujer dominado es un cuerpo roto que nos convierte en seres débiles y que nos resta autonomía y capacidad para decidir con libertad sobre nuestra propia vida.
Reclamamos nuestros cuerpos como territorios donde somos las únicas soberanas, nuestros cuerpos diversos y desde donde actuamos y elegimos nuestro espacio , espacio que compartimos con otras y otros. Reclamamos tiempos más humanos en los que podamos tener un empleo estable con horarios flexibles para vivir todas nuestras actividades sin excluir ninguna: el cuidado de nuestro propio cuerpo, el cultivo de los afectos de las personas a las que queremos y nos necesitan y nuestro trabajo.
Nos resistimos a ser tratadas como simples objetos y sujetos de consumo, somos seres humanos vivos y soberanos que no pueden ser reducidos por la sociedad y por la ciencia a puros mecanismos de producción, de reproducción y mantenimiento de la vida.Queremos cuidar nuestra propia vida y la vida de todos los seres que habitan este planeta, mujeres, hombres, plantas, tierras. Queremos una economía sostenible que nos permita vivir con dignidad, que no dañe la tierra que pisamos, el aire que respiramos, los alimentos que tomamos. Lo queremos para quienes vivimos ahora y para legárselo a las generaciones que vendrán después de nosotras.Por eso nos organizamos con otras mujeres y tratamos de inventar nuevas formas vida donde nos reconozcamos a nosotras mismas, y veamos reconocida nuestra diversidad y la del mundo.
Como pudimos ver en la últimas jornadas feministas celebradas el pasado diciembre en Granada, tenemos mucho que decir , muchas propuestas que hacer: sobre economía, y empleo, sobre el mantenimiento de una vida sana, sobre identidad y sexualidad. Por ello reclamamos el derecho a poder expresar nuestros múltiples deseos , a ser escuchadas, a ser tenidas en cuenta. Y podemos afirmar que seguiremos levantando la voz siempre que los derechos de soberanía sobre nuestras vidas nos sean negados.
Comisión 8 de marzo

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