martes, 23 de marzo de 2010

A LA CAZA DEL CICLISTA (*)

En artículos anteriores relacionados con temas urbanísticos del municipio de Murcia he venido reiterando que el crecimiento de la capital se produce con demasiada improvisación y, por tanto, sin la adecuada planificación, en la medida en que responde más a los intereses de promotores y constructores privados que al necesario diseño desde instancias públicas con amplia participación social. En ese contexto, una de las carencias más visibles es la de dar respuestas adecuadas al tema de la movilidad de la ciudadanía. Aun disponiéndose de un Plan Director para el uso de la bicicleta en Murcia, en fase de ejecución, la publicación reciente del borrador de la Ordenanza reguladora del uso de este vehículo ha desatado la crítica de los colectivos sociales.
Para empezar, sorprende la renuencia del Ayuntamiento de Murcia a la adopción del término ‘carril-bici’, larga reivindicación de usuarios y usuarias de la bicicleta, complementado en dicha ordenanza, aunque no sustituido totalmente, por modalidades tales como ‘senda verde’, ‘ciclocalle’, ‘acera bici’, ‘arcén de uso ciclable”’…, es decir, toda una variedad de espacios de uso de la bicicleta que tienen en común el que no se otorgue una clara preferencia, en casi ninguno de ellos, a este vehículo, en la medida en que, en muchos casos, ha de compartirse su utilización con peatones, autobuses y vehículos privados. En segundo lugar, hay que destacar la ambigüedad del texto en lo referente a la circulación por aceras y otras zonas peatonales, pues si bien el artículo 8 dice que en estos lugares “podrá autorizarse la circulación de bicicletas siempre que se realice por el espacio expresamente habilitado al efecto mediante señalización”, en el artículo 9 puede leerse que “se podrá circular en bicicleta por aquellos espacios peatonales en los que no esté expresamente prohibido”.
Otros asuntos polémicos de la Ordenanza son los referidos a la obligatoriedad de dotar a las bicicletas de elementos acústicos y reflectantes, así como de la debida iluminación, sin matizar si esta obligatoriedad se extiende a los vehículos en los que su utilización se produzca eventualmente sólo en horas diurnas. También resulta chocante la limitación de velocidad a 20 km/hora en las vías ciclables, pues en ellas la bicicleta ha de compartir espacio con vehículos motorizados que, sin embargo, tienen limitada su velocidad a 30 km/hora. Hay otras prohibiciones chocantes como la de ponerse de pie sobre la bici. Entendiendo que dicha prohibición trata de penalizar las posibles conductas acrobáticas y de riesgo del ciclista, habría que matizar la misma, pues, en ocasiones, el levantarse del sillín puede ser necesario para, por ejemplo, salvar un desnivel que supere el 2%.
Pero si hay un aspecto de la Ordenanza que entendemos desmedido es el relativo a las sanciones, pues se penalizan con 100, 200 y 500 euros, respectivamente, las faltas leves, graves y muy graves, lo que induce a pensar que en dicho texto se desliza un nada disimulado afán recaudatorio por parte del consistorio. Para la puesta en marcha de un régimen sancionador, que en todo caso habría que reducirlo en su cuantía, hay que dotar de infraestructuras adecuadas a la bicicleta. A título de ejemplo, cuando apenas existen aparcamientos específicos para este vehículo, considerar falta leve (multa de 100 euros) el atar la bicicleta a farolas o árboles cuando se disponga de un aparcamiento específico a menos de 75 metros (artículo 19.2) nos parece una medida poco realista.
Creo que la puesta en marcha de una Ordenanza reguladora como la que se comenta debe ir precedida de un avance significativo en el desarrollo de Plan Director del uso de la bicicleta. Una ciudad como Murcia, con un clima benigno y un trazado casi llano, es el marco ideal para privilegiar el uso de este medio de transporte. Pero, para ello, como atinadamente se afirma en la Memoria del citado Plan Director, hay que incidir en políticas de educación ciudadana en movilidad sostenible, todo lo contrario a la adopción de medidas coercitivas que, como las sanciones, parecen denotar un deseo de ir destinadas a la ‘caza del ciclista’.
(*) Artículo publicado en LA OPINIÓN de Murcia el 23/3/2010

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen artículo. Desde que vi los primeros carteles indicando una "ciclocalle" me parecieron una tomadura de pelo, como muchas otras de nuestro ayuntamiento.
Un saludo.
Juan Miguel.

Diego Jiménez dijo...

Gracias, Juan Miguel. Esperemos que artículos de denuncia como éstos sirvan para algo.