martes, 5 de junio de 2018

El horror de los campos de exterminio nazis puede verse en Murcia durante estos días




La exposición, basada en los trabajos de Francisco Boix con sus fotos hurtadas a los SS de Mauthausen, podrá visitarse en la Biblioteca Regional hasta el próximo día 22 de este mes.



Diego Jiménez/Murcia.-  En la mañana del pasado día 5, en Murcia, en la Biblioteca Regional, ha quedado expuesta la colección de fotografías de la muestra  'El fotógrafo del horror. La historia de Francisco Boix y las fotos robadas a los SS de Mauthausen’, de la que es comisario Benito Bermejo, autor de un libro con el mismo título.
Impulsada por la Asociación de Memoria Histórica de Murcia, el Ateneo Republicano de Murcia y la Federación Regional de Asociaciones de la Memoria Histórica, y con la colaboración de la Bibioteca Regional, la muestra, que viene siendo expuesta en toda España, ha recorrido en los últimos meses varias localidades de la Región de Murcia y podrá visitarse en la capital de la Región hasta el próximo día 22 de junio.

Detalle de la muestra
Francisco Boix, como otros 7.200 compatriotas que dieron con sus huesos en aquellos campos de la muerte, salvó su vida porque fue uno de los fotógrafos de Mauthausen, lo que le permitió no sólo hacer sus propias fotos del horror de ese campo, sino que pudo esconder fotografías de los propios SS, material que fue fundamental luego en los juicios de Nuremberg. 


La muestra tiene un indudable interés histórico y de denuncia, pues es sabido que el paso del PP por el Gobierno ha supuesto durante estos años el incremento de los relatos revisionistas no sólo sobre la Guerra Civil española sino sobre el mismo hecho del exterminio practicado por los nazis en esos campos. 

La ausencia, por otra parte, del reconocimiento al sufrimiento de tantas y tantas víctimas del nazismo por parte de las autoridades españolas –con excepciones- contrasta con los homenajes que se les tributa a esos republicanos españoles allende los Pirineos.


Breve historia de un éxodo indeseado

 Recordemos que, con la caída de Barcelona en febrero de 1939, se inicia un masivo éxodo de personas por los Pirineos hacia territorio francés. Más de 500.000 personas (entre ellas, el poeta Antonio Machado y su madre, cuya tumba visité el pasado día 6 de julio en Collioure) atravesaron la frontera en pocos días, en unas condiciones lamentables, por el frío y por los ataques de la aviación. El gobierno francés, ante la avalancha de refugiados, improvisó unos campos cercanos a la frontera, al aire libre, sin barracones y sin las más mínimas condiciones de habitabilidad, vigilados por soldados senegaleses. Nombres como los de Barcarès, Setfond, Argéles sur Mer, Saint Cyprien, Le Barcarès y otros se han hecho tristemente célebres.
Grupo de republicanos españoles en un stalag
Más de 40.000 soldados republicanos españoles de esos campos, ante la imposibilidad de regresar a España, terminaron alistándose en la Legión Extranjera francesa o en batallones de trabajadores, para auxilio del ejército francés, pero sin armas. 

Tras la ocupación alemana de Francia y la posterior consolidación en el sureste francés del régimen colaboracionista de Vichy, fueron hechos prisioneros y enviados, en principio, a campos (los ‘stalag’), en los que, inicialmente, se respetaban los derechos inherentes a la Convención de Ginebra. Pero ese periodo fue fugaz: abandonados por el régimen franquista  -pues  Serrano Suñer, cuñado del dictador , negoció con Himmler la eliminación gradual de esos españoles a los que consideraba apátridas-, dieron con sus huesos, entre otros, en dos campos de exterminio de triste recuerdo: Mauthausen y su campos anexos, Gusen I y Gusen II, ubicados a pocos kilómetros del primero. Se sabe que del total de 7.200 españoles que pasaron por allí  sólo sobrevivió aproximadamente un tercio de ellos.
Mapa de los campos de exterminio


Música y desfile antes de la ejecución de un prisionero. Los presos, en formación, son obligados a ver el 'espectáculo'.


Cerca de 500 murcianos en esos campos del horror
Las investigaciones recientes cifran en unas 500 personas de Murcia y su provincia las que tuvieron la desgracia de conocer in situ, de cerca, el terror nazi, con muy pocos supervivientes.  Del municipio de Murcia, se tiene constancia de que fueron 85 (49 de Murcia-ciudad y 36 de las pedanías), de los que salvaron la vida algo más de 30. Al día de hoy, quedan dos murcianos supervivientes, Juan Aznar, de Barranda, y Paco Griéguez, de Murcia, ambos centenarios.
Lista de los deportados murcianos a los campos de la muerte

 
Paco Griéguez ( en la foto, junto a su mujer y el autor de esta crónica), murciano superviviente de Mauthausen, exhibe la placa de reconocimiento enviada a su domicilio francés por la Asociación de Memoria Histórica de Murcia en julio del pasado año. 


La labor perseverante del joven historiador ceheginero Víctor Peñaver ha conseguido que más de una decena de ayuntamientos de la Región de Murcia hayan ya tributado homenajes a sus vecinos deportados a esos campos de la muerte.

Juan Aznar recibió el pasado verano el reconocimiento del ayuntamiento de su ciudad natal, Caravaca; Paco Griéguez (a quien tuve el honor de visitar y saludar en su domicilio de Gardanne, en el sureste francés), recibió por correo sendas placas de homenaje por parte de la Asociación de Memoria Histórica de Murcia y del Ayuntamiento de la capital.
Quedan pendientes, sin embargo, el reconocimiento institucional del Ayuntamiento de Murcia a sus 85 compatriotas deportados, en cumplimiento de un acuerdo de Pleno que, al día de hoy, no se ha ejecutado. Y, por supuesto, el de la Asamblea Regional de Murcia. Esperemos que el aire fresco que ha empezado a introducirse en la política española ofrezca la posibilidad de testimoniar el reconocimiento de los poderes públicos hacia unos españoles que dieron muestras de heroísmo y de defensa de unos valores de libertad y democracia por la que pagaron tan alto precio.



AHORA SÍ, LA DEMOCRACIA



 http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2018/06/05/ahora-democracia/927965.html

Algún analista político ha comparado la situación que ha surgido de la votación parlamentaria del pasado viernes, y que ha supuesto la salida de Rajoy de La Moncloa, con el Pacto de San Sebastián, suscrito entre varias formaciones de izquierda, republicanos y fuerzas nacionalistas en agosto de 1930 y que condujo, meses después, a la proclamación de la Segunda República. Salvando las distancias histórico-temporales, es cierto que hay algunas similitudes. Hoy, como ayer, asistimos al fin de un Régimen, el de 1978, agotado, con una monarquía, como la de Alfonso XIII, cómplice de silencio ante la corrupción, y con unas derechas radicalizadas junto a la emersión de fascismos (hoy nacionalismos excluyentes) en Europa. Hoy, como ayer, parece que estamos asistiendo al principio del fin de un ciclo. 

Por eso, el resultado de la moción de censura era el esperado y el deseado. Con algunas dudas respecto de la posición que iba a adoptar un PNV que, días atrás, se había apresurado a dar un balón de oxígeno a Rajoy aprobando los presupuestos, lo cierto es que el hecho de que fuerzas tan dispares y distantes ideológicamente como Bildu y ERC hayan coincidido con la derecha nacionalista moderada (PdeCat y PNV) y con el PSOE y Unidos Podemos en el diagnóstico de la situación y hayan apoyado esa moción de censura indica claramente que los 180 votos favorables exteriorizan el malestar de una gran parte del arco parlamentario ante la grave situación sociopolítica que atraviesa el país
.
Especialmente emotivo fue para mí el abrazo de Pablo Iglesias al nuevo presidente del Gobierno al final de la votación. El grito de 'Sí se Puede' de las y los diputados de Unidos Podemos, dirigido, creo, tanto a las y los diputados socialistas como hacia las y los votantes de izquierda, exteriorizó el ansia de cambio, que, como en octubre de 1982, hay en nuestro país. El ejemplo del vecino Portugal, donde un Gobierno de la izquierda ha logrado revertir la caída en picado, es algo a tener en cuenta por las fuerzas de izquierda que han desalojado a Rajoy de La Moncloa.

Se abre, pues, un nuevo periodo ilusionante, pero también incierto. El apoyo 'instrumental' de muchas formaciones políticas a Pedro Sánchez no oculta el hecho de la dificultad de transitar por un Parlamento muy fragmentado, con una amplísima mayoría del PP en el Senado. En otro orden de cosas, el apoyo de ERC, Bildu, y PdeCAt podemos considerarlo un voto prestado. No ayuda nada a 'desenfangar' el lodazal de la política de Rajoy respecto a los territorios históricos el reciente apoyo de Pedro Sánchez al artículo 155, lo que convierte al diálogo ofrecido a Cataluña y Euskadi en una empresa complicada. Si Pedro Sánchez es capaz, o no, de librarse de la tutela de ciertas baronías territoriales del PSOE para abordar con valentía una solución negociada a una nueva articulación territorial del Estado es algo que está por ver. Y ello contando, además, con que la oposición de Ciudadanos y del PP va a ser feroz. La clara apuesta de Ciudadanos por ser la alternativa de Gobierno, para lo que ha explotado sin rubor alguno el anticatalanismo más irracional, y la última intervención de Rafael Hernando en el debate previo a la votación del viernes, en un tono agrio, chulesco y a la vez desafiante, indican que Pedro Sánchez no lo va a tener fácil. Por eso cobra tanta importancia (y es algo que debe valorar la dirección y el grupo parlamentario del PSOE) el concurso de los diputados y diputadas de Unidos Podemos y Compromís, que habría de ir en paralelo al abandono de los recelos expresados hasta ahora por parte de Pedro Sánchez a las reivindicaciones nacionalistas.

Otra dificultad no menor es la derivada de la necesidad de gestionar unos presupuestos heredados (para lograr el apoyo del PNV y la abstención de Coalición Canaria) que van a suponer un dogal para la aplicación de políticas progresistas. El nuevo Gobierno de izquierdas se verá obligado, pues, para cumplir con sus promesas, a recurrir a la vía de los créditos extraordinarios.

Pero las dificultades se superan con la unidad de la izquierda y de las fuerzas progresistas, con políticas concretas. Y el viernes se dio un gran paso para recuperar las políticas sociales, para relanzar proposiciones de ley hoy atascadas, para poner en marcha leyes paralizadas como la de la Memoria Histórica y la Dependencia, para derogar otras nefastas, como la reforma laboral y la Ley Mordaza, para sanear las instituciones, para profundizar en la separación de poderes, para consolidar una RTVE democrática, etc.

Como no me gusta hacer política ficción, aterricemos ahora en lo inmediato. En nuestra Región. El efecto más visible de la derrota del PP va a ser la inminente salida de la delegación del Gobierno de uno de los delegados más nefastos y funestos de los últimos tiempos, Paco Bernabé, lo que, sin duda, será un alivio para las reivindicaciones de las vecinos y vecinas de las vías. Otro efecto inmediato será el posible impulso por el nuevo ministro de Fomento (esperemos que así sea) a un acuerdo sobre el agua en la Región y a las inversiones en infraestructuras (variante de Camarillas, llegada del AVE, potenciación del ferrocarril convencional?), largamente dilatadas y pospuestas con artimañas y engaños. La mejora de la financiación autonómica, que repercutiría, a su vez, en la de la Sanidad y la Educación y en políticas sociales, es también una posibilidad que se abre en nuestra Región ante la apertura de este nuevo ciclo político.

A un año de las elecciones locales y autonómicas, el pacto de izquierdas alcanzado en el Parlamento es un ejemplo a seguir para el éxito de las confluencias también en nuestra Región. El Parlamento habló el viernes. Ha vuelto la democracia.

martes, 22 de mayo de 2018

El Régimen del 78 hace aguas

http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2018/05/22/regimen-78-aguas/924064.html

Desde mi piscoesquina

El Régimen del 78 hace aguas


En muchas de mis columnas he ido afirmando, sin cortapisas, que el Régimen surgido de la Transición política española se va deslizando por la senda del autoritarismo, con preocupantes signos de una emersión de actitudes prefascistas. Eso me ha llevado a que, en las redes sociales, alguna persona bien conocida y representativa del espectro asociativo de Murcia me haya advertido de lo inadecuado y peligroso que resulta hacer ese tipo de afirmaciones. Empero, no voy a modificar un ápice mis apreciaciones. Porque, en efecto, varias señales nos indican que, como digo en el título de esta columna, estamos asistiendo a un evidente desmoronamiento del Régimen del 78. Y aunque es difícil, en los límites de un artículo como éste, abordar in extenso esas señales, voy a tratar, sin embargo, de dar unas pinceladas. Empecemos por los límites a la libertad de expresión. 

No es de recibo que la Justicia se ensañe con raperos, tuiteros, titiriteros, etc. por, supuestamente, excederse en el ejercicio de la libertad de expresión, mientras asistimos, atónitos, a cómo se inhibe la Fiscalía ante amenazas tan claras del ¿periodista? Federico Jiménez Losantos cuando propugnaba atentar contra intereses alemanes en España o en Baviera en respuesta a la 'protección' de que goza Puigdemont por parte de la Justicia alemana. ¿Y qué decir de su última lindeza: bombardear Cataluña? Este nostálgico del Duque de Berwick, de estar ejerciendo en cualquier otro país de nuestro entorno, quizás hubiera dado ya con sus huesos en la cárcel. ¿Y qué decir también de las amenazas de muerte a Manuela Carmena por parte de algunos policías municipales de Madrid? Vistos estos dos claros ejemplos, ¿cómo puede ser calificada de actividad terrorista el corte de una autopista y no estas gravísimas afirmaciones? Está claro que la Justicia española está aquejada de un evidente déficit democrático. 

Otro ejemplo de la endeble calidad de nuestro sistema democrático es la descarada e indisimulada manipulación de cualquier noticia por ciertos medios de comunicación. Y en ese menester, Eduardo Inda es un maestro consumado, valiéndose de su panfletario OKDiario. Sabida es su animadversión a todo cuanto huela a Podemos, pero, insatisfecho con los sucesivos ataques a esta formación política utilizando el señuelo de Venezuela, ahora ha traspasado los límites de toda decencia periodística entrometiéndose en la vida privada de Pablo Iglesias e Irene Montero. Inda es, en ese aspecto, un discípulo aventajado de Goebbels. Y ya sabemos a qué nos condujo en Europa la manipulación de la verdad por el nazismo. 

Deslicémonos ahora por un tema no menos sangrante: el repudio por el PP y sus cargos públicos de todo cuanto huela a Memoria Histórica. Es sabido que ni en Alemania ni en Italia fue preciso legislar en esa materia, pues, superada por esas sociedades la catarsis por el trauma de lo que supuso su derrota en la II Guerra Mundial, a nadie se le ocurre allí mantener viva la memoria de Hitler y de Mussolini. Pero, en este aspecto, España es también una excepción. El Valle de los Caídos sigue siendo un insulto a los miles de represaliados por el franquismo. La existencia de una Fundación destinada a exaltar la memoria del dictador, también, y además nadie entiende que pueda seguir siendo legal. Los miles de cadáveres en fosas comunes sin exhumar, el nulo reconocimiento al exilio republicano, la no condena del franquismo por las Cortes, la negativa a investigar y condenar los crímenes de lesa humanidad de ese aciago periodo de nuestra Historia, la pervivencia de una Ley de Amnistía, que preserva, ante todo, la impunidad de los criminales franquistas, etc. son hechos que me autorizan a concluir que en España vivimos en un régimen político de bajísima calidad democrática, con una evidente deriva autoritaria. 

Y en esta deriva autoritaria una institución aparentemente (sólo aparentemente) neutra, la Corona, tiene mucho que ver. Estoy convencido de que toda la arquitectura de la Transición política se diseñó para preservar los privilegios de cuna y otros muchos de la dinastía borbónica. La Corona se muestra renuente a despojarse de su pasado franquista, lo que es perceptible en muchas de sus manifestaciones. A título de ejemplo, su silencio respecto de la petición por parte de los grupos de izquierda de poner fin a los privilegios hereditarios del Ducado de Franco, establecido por el monarca emérito Juan Carlos I sólo unos días después de la muerte del dictador a favor de su viuda, Carmen Polo, es una muestra de ello. El rey Felipe VI, como sus predecesores, se muestra muy a gusto con la derecha, dispuesto siempre a defender los intereses de las clases dominantes y del partido en el poder. Encumbrado a la jefatura del Estado para salvar a una monarquía que hacía agua también por todas partes, ha dado muestras, además, de parcialidad. Todos recordamos su fuerte alegato contra Cataluña dos días después del referéndum del 1 de octubre. 

En ese contexto de apoyo de la monarquía a lo más conservador del espectro político no son de extrañar, pues, los retrocesos democráticos, lacerantes, que estamos viviendo en estos últimos años. Como memorialista me enerva especialmente el nulo desarrollo de la Ley de Memoria Histórica, que, desde 2012, no tiene consignación presupuestaria alguna. Y en lo que toca a nuestra Región, en días pasados, el PP y sus hasta ahora delfines, Ciudadanos, escenificaron el repudio a esa ley al negarse a tramitar en la Asamblea Regional la Ley de Lugares y Senderos de la Memoria Democrática, de Podemos. 

Lo dicho: demasiados indicios nos apuntan a que estamos asistiendo a los últimos coletazos de un régimen que hace aguas por todas partes. Quizás porque la democracia, en el fondo, nunca arraigó del todo en este país.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Necesaria unidad popular


http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2018/05/09/necesaria-unidad-popular/920438.html

Necesaria unidad popular

A nadie se le escapa, por evidente, que el régimen surgido de la Transición está haciendo hoy agua por todas partes. También es evidente que las contradicciones del sistema han alentado unas movilizaciones sociales que, desde los recortes de José Luis Rodríguez Zapatero en 2010, han oscilado cíclicamente entre periodos de máxima actividad y de aparente letargo. Estamos asistiendo en esta fase a uno de esos momentos álgidos de las luchas en la calle, protagonizadas por las reivindicaciones de personas pensionistas y jubiladas; por las movilizaciones de las mujeres por la igualdad efectiva de derechos con los hombres, y que tuvieron su máximo exponente, como es sabido, el pasado 8 de marzo; por las Mareas en defensa de la Sanidad y Educación; por las Marchas de la Dignidad, etc.

La lucha de clases se ha reactivado y no es casual. A la pérdida de derechos civiles, la Ley Mordaza, la fractura entre el Ejecutivo y el Poder Judicial, la inexistente separación de poderes, el paro, los salarios de miseria, etc., se suma el hecho de que la crisis ha sido un pretexto para propiciar el mayor trasvase de rentas de los salarios hacia el capital registrado en los últimos años. A este respecto, según el INE, las remuneraciones de las personas asalariadas han caído casi un 3% desde 2008; mientras, las rentas de las sociedades no financieras alcanzaron los 267.800 millones de euros, un 58,3% más que en 2008. Está claro que la moderación salarial ha supuesto la mejora de la productividad y competitividad de las empresas, pero ello no se ha traducido, sino todo lo contrario, en mejoras salariales y sociales. 

Es el momento, pues, de la izquierda. Es el momento de construir la unidad popular, desde abajo y para los/as de abajo. Pero, como todo proceso histórico, la empresa se presenta difícil y complicada, por dos motivos: la compleja composición de la formación social española y las distintas salidas que se ofrecen desde las formaciones políticas de izquierda. Veamos. 

Ese concepto de unidad popular viene siendo defendido por Izquierda Unida (IU) y Podemos, y tuvo su concreción en las distintas formas de confluencia que dieron el poder municipal a estas y otras formaciones políticas en los llamados Ayuntamientos del cambio y en las candidaturas de Unidos Podemos en las últimas elecciones legislativas. En lo que toca a IU, la XI Asamblea Federal de 4 y 5 de junio de 2016 aprobó dar pasos en esa dirección, en la idea de que «la IU resultante de la XI Asamblea debe ser una organización en transición hacia un nuevo movimiento anticapitalista, ecologista y feminista que esté volcado en los conflictos sociales y que sea, ante todo, un verdadero movimiento político y social». El objetivo inmediato era configurar un bloque político y social de carácter alternativo y rupturista, tendente hacia un proceso constituyente. Pero en IU coexisten en estos momentos dos posturas: la de quienes desean caminar en esa dirección y quienes estratégicamente se sitúan en un plano reformista, constituyéndose en la 'izquierda del sistema'. El debate ruptura o reforma, pues, está condicionando la posibilidad de configurar unas potentes candidaturas producto de la confluencia. El paso dado por IU Madrid, aliándose con Anticapitalistas y otros colectivos y sin contar, por ahora, con Podemos, es ilustrativo de lo expuesto. 

En los últimos días, además, un borrador de la dirección federal de IU para modificar ciertos aspectos estatutarios ha motivado que más de 500 personas, entre ellas más de 300 cargos, hayan firmado ya un Manifiesto por una IU soberana, democrática y al servicio de la ciudanía, en el que acusan a la dirección de pretender disolver la estructura federal de IU con su propuesta de modelo organizativo no federal, sino centralizado. Por su parte, Gaspar Llamazares, líder de Izquierda Abierta y diputado regional por Asturias, acusa a Alberto Garzón de querer convertir a IU en un movimiento de extrema izquierda, una especie de corriente comunista dentro de Podemos. 

Podemos, el otro socio de Unidos Podemos, no está exento de las tensiones internas, surgidas a raíz de cierta tendencia centralizadora que se observa en su funcionamiento interno, en detrimento de los Círculos y los territorios, a lo que se suma estos últimos días el anuncio de un proceso de primarias para consolidar la candidatura Errejón-Espinar de cara a las elecciones autonómicas de 2019, lo que está en el origen de la renuncia de la corriente de Anticapitalistas a participar en las mismas. 

Todos los procesos de cambio son, pues, lentos, complejos y no exentos de dificultades. Empero, la gravedad de la situación política y social que vivimos exige de IU, Podemos, Equo y otros actores generosidad, altura de miras, transparencia y vocación de orientar su acción, en estos meses que restan hasta las elecciones de 2019, a lo que realmente espera la ciudadanía: procesos de confluencia no cupulares, respetando la autonomía de territorios y federaciones; discusión programática y elaboración de propuestas con el más amplio consenso y apertura a los colectivos sociales en lucha; y finalmente elaboración de listas electorales tipo 'cremallera', tras un proceso de primarias transparente, con radicalidad democrática, con generosidad, en un plano de igualdad entre todas las organizaciones políticas y colectivos sociales concurrentes. 

Tengo para mí que el camino a seguir lo han marcado las ilusionantes experiencias municipalistas de varios puntos de España, en los denominados Ayuntamientos del cambio. Y, en Murcia, el ejemplo de lo que ha supuesto el trabajo de Cambiemos Murcia, con un funcionamiento abierto, democrático y participativo, creo que también debe tenerse muy en cuenta. 

La unidad popular es hoy, más que nunca, necesaria e inaplazable. Porque hay que desalojar del poder a la derecha y sus políticas.