miércoles, 4 de febrero de 2015

Excelente disertación sobre el contexto histórico de la II República en Murcia del catedrático de Historia Contemporánea de la UMU Pedro María Egea Bruno, el pasado jueves 29 de enero

Enmarcada en las actividades paralelas a la exposición de las Misiones Pedagógicas, en su conferencia, y ante un público expectante,  Egea Bruno destacó la pervivencia del caciquismo y la oposición de los poderes fácticos de siempre (terratenientes, Iglesia y Ejército), como causas que acabaron con la experiencia reformista de la II República.

Egea Bruno, a la izquierda de la imagen, mantuvo el interés del público hasta el final de su charla, ilustrada con constantes referencias a la prensa gráfica y satírica 

Diego Jiménez/Murcia.- Moderada por quien les escribe estas líneas, el pasado jueves día 29 de enero tuvo lugar en Murcia, en el Aula Antonio Soler de La Merced -abarrotada de público, hasta el extremo de que muchas personas hubieron de permanecer de pie o sentadas en los pasillos-, una actividad más complementaria a la exposición sobre las Misiones Pedagógicas que, instalada en el Museo de la Universidad,  se exhibe en Murcia hasta el próximo día 13 de febrero. En esta ocasión, asistimos a la conferencia ‘El contexto histórico de la II República en Murcia’ impartida por el catedrático de la Universidad de Murcia (UMU)  Pedro María Egea Bruno.

El público siguió con sumo interés la conferencia (Foto: José L. Elías López)


De su extenso currículum, de Pedro Mª Egea destacamos que pertenece a diferentes asociaciones y entidades científicas. Es Académico Correspondiente por Murcia de la Real Academia de la Historia. Su labor investigadora se ha traducido hasta el momento en 19 ponencias a Congresos, 70 artículos en revistas científicas y 57 libros sobre temas de su especialidad, entre los que destacan: El distrito minero de Cartagena en torno a la Primera Guerra Mundial (1909‑1923); La represión franquista en Cartagena (1939-1945); La política y los políticos en la Cartagena de Alfonso XIII (1902‑1923); Apuntes para la historia del movimiento obrero en la industria naval de Cartagena (1898‑1923); Cartagena. Imagen y memoria, una historia gráfica en cuatro tomos, y La enseñanza primaria en Cartagena durante la II República y la Guerra Civil (1931-1939). Es coautor –con Juan B. Vilar y Diego Victoria- de La minería murciana contemporánea I (1840‑1930) y II (1930-1985) y de El movimiento obrero en el distrito minero de Cartagena ‑ La Unión (1840-1930). A él corresponde el estudio de la Edad Contemporánea en la obra colectiva Manual de Historia de Cartagena. En la actualidad su obra se centra en II República, Guerra Civil y etapa franquista, avanzando en estudios sobre la economía, la política, la ideología, la cultura, la vida cotidiana, las emigraciones y la mujer.

A continuación, expondremos una amplia reseña del contenido de su charla, que expuso con un soporte de numerosas fotografías, gráficos y referencias a la prensa satírica de la época.

Antecedentes: oligarquía y caciquismo y ‘turnismo’ político

Pedro María arrancó en su exposición del régimen político de la Restauración, mantenido por el ‘turnismo’ político de dos partidos, el conservador de Antonio Cánovas del Castillo, y el liberal, de Práxedes Mateo Sagasta. Es un sistema político de elecciones amañadas, en el que la oligarquía controla el poder mediante una extensa red de caciques, y que está garantizado por el Ejército, institución que se constituye, en última instancia, en el sostén de la monarquía. La clave del mantenimiento del sistema caciquil está en que se manipula el censo, se falsifican las actas y se amenaza al electorado. Políticamente, asistimos también a la marginación evidente de los grupos antidinásticos (carlistas, regionalistas, republicanos y el incipiente movimiento obrero), y un permanente control de dos poderes fácticos, el Ejército y la Iglesia.

El caciquismo en Murcia

Murcia es un coto conservador. La razón, la figura de Juan de la Cierva, terrateniente, abogado, con negocios en minas, agricultura, conservas… Su red caciquil está constituida en la provincia por su hermano, Isidoro de la Cierva, con Ángel Guirao y Emilio Díez de Revenga; en Cartagena, Tomás Maestre Pérez; en Lorca, Simón Mellado; en Fuente Álamo, Bruno; en Mula, Juan Antonio Perea; en Cieza, José Pérez Martínez y Diego Martínez Pareja; en Cehegín, el conde de Los Campillos, y en Yecla, Vicente Llovera Codorniu. Con esta red, De la Cierva manipula las elecciones, favorecido por la inacción de la Justicia. “Mata al rey y vete a Murcia” es la expresión que denota esa inhibición judicial.

A este caciquismo contribuyen el analfabetismo y la existencia de amplios términos municipales, lo que lleva al centralismo comarcal y al alejamiento del campesinado de la política. En Murcia, el turno pacífico se cumple a la perfección hasta la llegada al poder de Primo de Rivera.

Pérdida colonial y “las dos Españas” de Ortega

El revulsivo a este orden inamovible llega con la pérdida colonial de 1898. Pero España se aleja de Europa en renta per cápita, en desarrollo económico, en convergencia electoral, en Educación, en Sanidad, en registro de patentes, en ingenieros, en política democrática… Nuestro país tampoco ha resuelto sus problemas: el problema agrario, el social, la democracia, la reforma fiscal, el problema regional, el del Ejército, el tema religioso y educativo… Son síntomas de la pervivencia de “las dos Españas” de Ortega y Gasset.

Murcia se ajusta a este modelo: una sociedad atrasada, con las tasas de analfabetismo más elevadas de España (en 1930, el 60% de los murcianos). Es un mundo rural (el 80% de la población vive en el campo), con sólo tres ciudades importantes: Murcia, Cartagena y Lorca. La provincia se sostiene con una economía agraria en un contexto de una sociedad marcada por la desigualdad.


Los grupos sociales en Murcia

Dentro de la oligarquía terrateniente, encontramos al conde de Heredia Espínola, Juan de la Cierva, Chico de Guzmán, los condes de Balazote, los Roca de Togores, los Pérez de los Cobos, los marqueses de Corvera, los condes de Campohermoso, el marqués de Rocamora… y Juan March, que tenía intereses en la provincia.

El grupo social de los nuevos ricos lo integran los comerciantes, los mineros, los conserveros, los negociantes de la fruta, los exportadores… Hacen gala de su estatus económico con gastos suntuarios y mansiones de lujo.

La clase media crece con su conexión a los negocios y a los servicios públicos. Y engrosa la afiliación republicana. En 1928 nace Alianza Republicana, con Ruiz Funes en Murcia. En 1930 surge el Partido Republicano Radical-Socialista, a cuyo frente vemos al farmacéutico José Moreno Galvache. Estos son los dos partidos de la clase media, que se adscribe a la masonería. Hubo 5 logias masónicas en Cartagena; 2 en Murcia, y 1 en Águilas, Lorca y Archena.

Las clases trabajadoras viven en los límites de la subsistencia. Se expande la UGT. La Federación provincial, con sede en Llano del Beal, cuenta con 20.000 afiiados. Erigió 20 Casas del Pueblo.

La CNT, que contó con tres centros comarcales, en Murcia, Cartagena y Cieza, con un total de 5.000 afiliados, sufrió en sus carnes la represión de Primo de Rivera.

El PSOE tenía 30 agrupaciones y 2.500 afiliados. A su frente estaba en Murcia José Ruiz del Toro. Por otra parte, el PCE, fundado en Murcia en 1930, contó con poca militancia e influencia social.

La violencia y la dictadura de Primo de Rivera

La cuestión social deriva hacia la violencia. Son los ‘años rojos’, con huelgas y atentados. La oligarquía vive horas de inquietud. Por si no fueran pocos estos problemas, a ellos se suma la cuestión militar. Enquistada la guerra de Marruecos, la oligarquía busca un espadón: Primo de Rivera. Con su golpe de Estado en septiembre de 1923 y su aceptación por el rey, asistimos a la sentencia de muerte de la monarquía.

El Pacto de San Sebastián y el advenimiento de la República

En agosto de 1930, la oposición republicana firma el Pacto de San Sebastián, con el objetivo de acabar con la monarquía. En diciembre de 1930, tras la sublevación de Jaca, son fusilados los capitanes Galán y García Hernández: la República ya tiene sus mártires. (En relación a este tema, hay que decir que se hizo una película, “Fermín Galán”, en la que intervino una actriz cartagenera, Celia Escudero).

La respuesta a esos fusilamientos fue la huelga general, también secundada en la provincia de Murcia. Ante el clima de inestabilidad reinante, la opción de la monarquía fue la convocatoria de elecciones municipales para el 12 de abril de 1931. El efecto fue el contrario: las elecciones se convierten en un plebiscito contrario a la monarquía. En Murcia, la opción republicana triunfa en las ciudades más importantes, Murcia y Cartagena, y en los núcleos de población de más de 10.000 habitantes (Alcantarilla, Yecla, Caravaca, La Unión y Águilas). En los pueblos, sin embargo, se deja sentir el peso del caciquismo: el 52% de los votos es para los monárquicos. Pero, en el ámbito nacional, triunfa la República.

Proclamación de la II República

El rey Alfonso XIII marcha al exilio. Desde Cartagena, pone rumbo a Marsella en el crucero ‘Príncipe Alfonso’, luego llamado ‘Libertad’. El 14 de abril fue una fiesta popular. En Murcia, se ocupó el Ayuntamiento, se izó la bandera republicana y se proclamó la República. La torre de la catedral se engalanó con banderas republicanas, al tiempo que se echaron las campanas al vuelo. En Cartagena, también se ocupó el Ayuntamiento y se proclamó la República. La fiesta se repite en toda la provincia, salvo en Lorca, donde el alcalde se niega a cambiar la bandera.

Lucha de clases y contexto social

Pero la fiesta popular no oculta la exacerbación de la lucha de clases. El 10 de mayo de 1931, se produce una nueva oleada anticlerical. En Murcia, el 12 de mayo se incendia el quiosco de La Verdad, se asalta la iglesia de Santo Domingo, la residencia de los jesuitas, los conventos de las Isabelas, y el de la Purísima.

La oligarquía vive un momento caótico. Sus dirigentes desaparecen del plano político y social y sus partidos no se presentan a las elecciones a Cortes Constituyentes (junio de 1931). Ganan socialistas y republicanos.

En Murcia triunfa la coalición de socialistas, radicales y radical-socialistas, saliendo elegidos, entre otros, Ruiz Funes, Moreno Galvache y Ruiz del Toro. Ante eso, la oligarquía no tarda en organizarse. En julio de 1931, nace Acción Popular Murciana, con un objetivo: la defensa del orden burgués, la familia y la religión. Cuenta con la ayuda de la Iglesia y del obispo, Miguel de los Santos, así como con la de La Verdad de Murcia. Este nuevo partido será la base de la CEDA, y en él se da cita la burguesía más reaccionaria: Agustín Virgil, Juan Antonio Perea, Alfonso Torres, José Ibáñez Martín, José Maestre y Adrián Viudes.

La República se muestra débil, con una clase obrera dividida: la CNT, en contra, el PSOE-UGT, que protagonizan la experiencia reformista, renunciando a la toma del poder por la clase obrera, y los comunistas, situados en contra, defendiendo el ‘frente único’ por abajo, con la táctica de ‘clase contra clase’. Un dato: el 15 de abril, la portada de Mundo Obrero rezaba así: “¡Muera la República burguesa, vivan los soviets”! Ante ese panorama, la burguesía liberal y la pequeña burguesía fueron el sostén de la República. La República tuvo enfrente a la oligarquía y a dos instituciones que no han caído con la monarquía: el Ejército y la Iglesia. 

Crisis económica y fascismo

El contexto mundial tampoco es favorable para la República. De un lado, la crisis económica de 1929; de otro, el auge del fascismo.

La crisis económica afectó de lleno a Murcia y, además, cambió la tendencia migratoria, registrándose –al contrario que en años precedentes- más entradas que salidas. La crisis afecta a la agricultura de exportación, a los sectores del pimentón,  conserva,  esparto,  minería, metalurgia (fundición de Santa Lucía, en Cartagena), la industria naval, tráfico portuario… La consecuencia, el paro, el desempleo. En Murcia, en diciembre de 1933, se registran 33.000 parados con una distribución similar al conjunto nacional. El 70% de esos parados corresponde al sector agrícola; el 10%, a la construcción; el 9%, a la minería, y el 11% restante a otras actividades. Las zonas más afectadas son Caravaca, Mula, Cieza, Yecla, Cartagena, Mazarrón, La Unión y Murcia.

El Gobierno intentó atajar el paro recurriendo a las obras públicas, los caminos vecinales, las escuelas, los cuarteles, la construcción de casas baratas (Cartagena), la traída de aguas del Taibilla (que se atribuyó luego el franquismo), obras de regadío en el Campo de Cartagena y las del Trasvase Tajo-Segura, de las que se apropió también el franquismo.

Aumenta la tensión social. Oleadas anarquistas

Estas obras públicas no bastaron para acabar con el paro. La prensa señala que los braceros del campo comían hierba. En enero de 1932, unos 20 obreros piden comida en el Hotel Victoria de Murcia. La patronal incumple la legislación laboral: hay un claro boicot de la derecha a la República. Ante ello, proliferan de nuevo las huelgas. Destacan en Murcia las del año 1931, en que se registran 20 en la agricultura y la construcción. Las más importantes se dieron en Cehegín, Mazarrón y, sobre todo, en Cartagena, que registró tres huelgas generales, en julio de 1931, junio de 1932 y julio de 1936. Menudean los piquetes de la FAI, las cargas policiales, las detenciones y la brutal represión de la Guarda Civil, una vez más al servicio de los terratenientes. En Mula, el 11 de diciembre de 1932, la actividad represiva produce dos muertos y cinco heridos. Y todo sin mediar provocación. Fue el Arnedo murciano.

La conflictividad social deriva en violencia, con signo anarquista. Atentados contra la Guardia Civil y la patronal, ataques a la Iglesia, robos sacrílegos (en Llano de Brujas, Ulea y Caravaca). La denominada ‘gimnasia revolucionaria’ lleva a la UGT a protagonizar tres levantamientos armados, en enero de 1932, enero de 1933 y diciembre de 1933.

En Murcia, el ciclo se inicia en enero de 1933. Los días 8 y 9 la violencia estalla en Monteagudo, donde se arman 80 hombres; en Puente Tocinos, lugar en el que se proclama el comunismo libertario; en Alquerías, en que se arrancan los postes telefónicos, y en Murcia, donde prendieron fuego a un almacén próximo al convento de Verónicas.

Pero los hechos más dramáticos se dieron en Casas Viejas, con diez muertos, y de cuyos hechos se responsabilizó a Azaña. Esos sucesos se aprovecharon en Murcia para denigrar a Ruiz Funes, que era miembro de la comisión parlamentaria que investigaba esos hechos.
La siguiente oleada anarquista se dio en diciembre de 1933. El día 9 se incendian dos fábricas en Cieza, se producen sabotajes en la fábrica de electricidad del Santo Cristo y en un puente en Torreagüera, se corta la línea telegráfica en Calasparra y  Jumilla y se atenta contra la línea férrea Madrid-Cartagena. El Gobierno reacciona con la represión: se cierran los centros anarquistas y se detiene a los dirigentes de la CNT-FAI.

Las tres etapas de la República

La primera, el bienio reformador o social-azañista (1931-1933) constituye un intento de revolución burguesa para modernizar el país por vía democrática. Se elabora una Constitución que, en su artículo 1, define a España como una ‘República de trabajadores de todas clases’, instaurando un régimen de libertad, justicia e igualdad ante la ley, con renuncia expresa a la guerra y con supresión de la pena de muerte.

La mujer alcanza sus derechos, entre ellos, al sufragio, merced a los denodados esfuerzos de Clara Campoamor, que encontró en Victoria Kent a su oponente. Consigue también la igualdad jurídica, laboral y en el matrimonio, incorporándose a la vida pública, como lo demuestran los ejemplos de Victoria Kent, Clara Campoamor, Margarita Nelken, Federica Montseny, Pasionaria…

En Murcia crece la afiliación femenina a partidos y sindicatos. El PSOE incluyó dos mujeres en sus listas a las elecciones de 1933, Regina García y Dolores Caballero, profesora de la Escuela Normal de Murcia. La mujer se incorpora también a la vida cultural, con figuras como Carmen Conde, María Zambrano, María Teresa León…

La República suprimió también la prostitución reglamentada, con lo que el Estado dejó de ser el primer proxeneta del país. Se reivindica la sexualidad y se decide la eugenesia, como hace el médico Eduardo Bonet en Cartagena.

En el bienio social-azañista se plantea también la cuestión regional, el problema autonómico, con Cataluña como referencia, pero también en Murcia. En julio de 1931 toma cuerpo un proyecto de Región Murciana, integrando a Murcia, Albacete, gran parte de Alicante (Cuenca baja del Segura) y  zonas de Almería, Jaén y Granada, para lo que se impulsó una prensa ex profeso para divulgar esa iniciativa.  

Pero la gran obra del primer bienio republicano fue la Enseñanza. Como escribe Ramos Oliveira, “la Enseñanza es la religión de la República”. También la Cultura, en su versión elevada pero también popular, con García Lorca como estandarte. Se abren bibliotecas. La Universidad de Murcia se instala de forma digna en La Merced, desde su anterior emplazamiento en unas escuelas graduadas del barrio de El Carmen. Impulsaron esa iniciativa el rector Lostau y Ruiz Funes, catedrático y vicerrector de la Universidad. Se crea la Universidad Popular de Cartagena, con Carmen Conde y Antonio Oliver, con actividades varias y conferencias a cargo de Miguel Hernández, Ramon Sijé, María Cegarra, Margarita Nelken… Se multiplican los Ateneos, como el de Cartagena.

El bienio social-azañista proyecta también un sistema social para mejorar la condición de los trabajadores, sobre todo los del campo: Ley de términos municipales, ley de jurados mixtos, salarios mínimos, jornada de 8 horas… Pero las mejoras tropiezan con la resistencia de la patronal. En Murcia, la resistencia es encabezada por  la marquesa de Villa de San Román y Juan de la Cierva.

La reforma agraria, fracasada por el boicot de la derecha, no afecta a Murcia, pues aquí predomina la pequeña y mediana propiedad.

Otras reformas puestas en marcha intentaban eliminar las fuerzas opositoras a la República. Así, la del Ejército (había un mando por cada seis soldados); la cuestión religiosa, con la separación Iglesia-Estado; la supresión de la Enseñanza religiosa; la expulsión de los jesuitas; la enseñanza laica; el matrimonio civil y la ley del divorcio; la jurisdicción civil de los cementerios…

La cuestión religiosa se vive en Murcia con especial intensidad. El redactor del artículo 26 de la Constitución (el que establece la separación Iglesia-Estado) es Ruiz Funes, catedrático de Derecho Penal. La prensa de Murcia no se lo perdonó: la Verdad, Levante Agrario y Don Crispín alentaron una campaña contra su persona.

La Semana Santa se diluye en otra laica, una fiesta republicana. El primer año se desplaza a Murcia el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, que también visita Cartagena. Pero la Marina ya conspira contra la República. Al sonar el himno de Riego, los marinos no se levantan de sus asientos o lo hacen dando la espalda al presidente de la República.

Fuerte oposición al bienio

Al terminar el bienio azañista, la clase obrera se muestra beligerante contra el Gobierno. Sobre todo el campesinado, que se siente engañado por la ineficaz reforma agraria. Pero se da también una oposición de centro, principalmente de intelectuales, con Ortega y Gasset a la cabeza. Pero la oposición más fuerte procede  de las derechas, con posturas violentas, como el fracasado golpe de Estado de Sanjurjo (la “Sanjurjada”, de agosto de 1932) y la creación de grupos fascistas (la Falange), junto con una oposición más o menos legal de la CEDA, encabezada por Gil Robles. El desgaste del Gobierno es evidente.


Elecciones generales de noviembre de 1933

En estos comicios vota la mujer por primera vez España. Y las damas católicas aconsejan hacerlo contra la República. La izquierda acude dividida a  las elecciones; la derecha, en cambio, se presenta unida en la CEDA, apelando al ‘voto del miedo’. La CNT se abstiene. Triunfa la derecha: la CEDA y el partido radical de Alejandro Lerroux.

En Murcia también gana la derecha, que consigue 10 escaños, por 3 del PSOE. Se hunden los partidos republicanos. Las críticas más acerbas de la prensa siguen dirigidas contra Ruiz Funes. Un ejemplar de la prensa satírica recoge esta alusión: “Después de las elecciones, el partido de Ruiz Funes es pasto de los ratones”.

El bienio negro (o radical-cedista)

Se extiende de 1933 a febrero de 1936. Lerroux forma gobierno con el apoyo parlamentario de la CEDA. El bienio negro es un claro viraje contrarrevolucionario, un ataque a la República. Se anulan las reformas del primer bienio; se abandona la reforma agraria; se amnistía a Sanjurjo; la Iglesia abre sus colegios; la oligarquía boicotea la reforma laboral (‘Comed República’ se les dice a los obreros en paro)… Se agudiza la lucha de clases.

Nace Izquierda Republicana, con Ruiz Funes en Murcia. Aparecen las Alianzas Obreras. La consigna es UHP: se habla de revolución proletaria. La entrada de la CEDA en el Gobierno, con tres ministros –entre los que figura Anguera de Sojo-, da lugar a la revolución de octubre.

En Murcia, hay huelgas generales en Cartagena, Alcantarilla, Lorca, Águilas y Cieza. Y huelgas parciales en Murcia, Abarán, Jumilla y Mazarrón. Se producen altercados en toda la provincia. Los hechos más graves, en Alguazas: el día 6, los socialistas toman el Ayuntamiento y proclaman la República socialista. Son sometidos a un Consejo de guerra, que dicta doce sentencias de cadena perpetua.

Tras la derrota, la extrema derecha gana terreno. En diciembre de 1934 nace el Bloque Nacional de Calvo Sotelo, una coalición de partidos monárquicos en los que se integra la Derecha Regional Murciana, dirigida por Joaquín González Conde y el marqués de Rozalejo, ambos, grandes terratenientes. También se une a ese bloque opositor la Comunión Tradicionalista, mientras que la Juventud de Acción Popular (JAP) incorpora a su ideario elementos del fascismo. La Falange se aclimata ahora en Murcia.

Elecciones de febrero de 1936: el Frente Popular

Se convocan elecciones generales para febrero de 1936. La izquierda se une en el Frente Popular, con una clara reivindicación: la amnistía de los presos de la revolución de octubre. La derecha, sin embargo, concurre en esta ocasión separada. La tensión es máxima, con un lenguaje prebélico. La ruptura social es patente; la simple pegada de carteles se convierte en motivo de reyerta callejera. La derecha cuenta con matones, como el ‘Chipé’, en Cartagena, con la JAP, con la Falange y… con el voto del miedo.

En Murcia, como en el resto del país, triunfa el Frente Popular. La derecha no tarda en reaccionar: al día siguiente de las elecciones estalla un motín en el penal de Cartagena, alentado, sin duda, por aquélla.

Azaña forma Gobierno, con Ruiz Funes como ministro de Agricultura. Y la tensión acumulada estalla contra los enemigos de la República: el 20 de febrero se asaltan en Murcia las sedes de Acción Popular, Círculo Tradicionalista y Levante Agrario, mientras que en Cartagena 15.000 manifestantes (la mayor manifestación en esa ciudad hasta esa fecha) reclaman la separación del servicio del almirante Cervera y del general López Pinto. La medida desbarata los planes golpistas que estaban ya en marcha.

La victoria del Frente Popular se percibe como la de la clase trabajadora. Se retoman las reformas del primer bienio, ante lo que la oligarquía responde con el acoso a la República, financiando a grupos hostiles a ella. La Falange asalta las Casas del Pueblo de Molina, Lorca, Yecla y Murcia, provocando incidentes en toda la provincia, los más graves en Bullas, con dos muertos y cuatro más en Yecla y Jumilla. Tercia la cuestión religiosa (¡a saber quién está detrás de la nueva oleada anticlerical!): incendio de iglesias en Cehegín, Los Garres, Torreagüera, Monteagudo y Yecla, lugar en que arden 14 templos. Se ha creado el ambiente para justificar el golpe militar contra la República.

El golpe militar de julio de 1936. Fin de la República

La rebelión católico-fascista tiene detrás a los de siempre: la oligarquía, el Ejército, la Iglesia. Las potencias nazi-fascistas derrotan a la República. Y la nueva prensa recoge la nueva realidad política, con la noticia de la celebración de 10.000 comuniones en la catedral de Murcia. La entrada en la ciudad, a finales de marzo de 1939,  de las tropas franquistas de la IV División Navarra, con Camilo Alonso Vega al frente, supone el borrar todo vestigio de la República.


martes, 3 de febrero de 2015

César Oliva disertó en Murcia sobre La Barraca y el Teatro de las Misiones Pedagógicas

La charla formó parte de las actividades paralelas a la exposición en Murcia de las Misiones Pedagógicas y contó con un público expectante que llenó el Salón de Grados de Derecho.

Diego Jiménez/Murcia.  El Salón de Grados de la Facultad de Derecho registró, una vez más, un lleno total en la tarde del pasado martes, día 27 de enero, para escuchar a César Oliva disertar sobre La Barraca y el Teatro de las Misiones Pedagógicas, un acto presentado por Antonio Sánchez, de la Asociación de Jubilados y Pensionistas de STERM Intersindical. 

De izquierda a derecha, Antonio Sánchez y el ponente, César Oliva.


César Oliva enmarcó la llegada de Alejandro Casona al Teatro de las Misiones con el acceso al mundo teatral de autores españoles de la Generación del 98, como Unamuno, que en 1932 estrena “El Otro”, con la actriz Margarita Xirgu, y Valle Inclán,   con “La reina castiza” (junio de 1931), una obra antimonárquica publicada por primera vez en la revista La Pluma en 1920, junto a “Divinas Palabras”, interpretada también por Margarita Xirgu y Enric Borràs. Son los años de la aparición de nuevos dramaturgos como Miguel Mihura, José María Pemán, Enrique Jardiel Poncela… El teatro profesional tenía, pues, enorme peso en la República.

El Patronato de las Misiones Pedagógicas y su impulso de la cultura y de las artes escénicas

En torno a 1931, se habla de una sociedad en descomposición tras muchos años de dictadura sostenida por la Corona, de manera que el triunfo de la II República trajo cierta esperanza para la vida española. En ese contexto nace el Patronato de las Misiones Pedagógicas, creado por decreto de 29 de mayo de 1931 por el Ministerio de Instrucción Pública, a cuyo frente estaba Marcelino Domingo, y con un objetivo claro: impulsar la cultura con un programa concreto de educación popular.

El Patronato, presidido por Manuel Bartolomé Cossío, impulsa en las artes escénicas el Coro y Teatro del Pueblo, dirigidos, respectivamente por Eduardo Martínez Tornel y Alejandro Casona. El Coro y el Teatro estaban integrados por jóvenes estudiantes que recorrían el país en periodos vacacionales y en días festivos. Se beneficiaron de sus actividades unos 286 pueblos. El repertorio estaba basado en piezas populares de la literatura clásica de autores como Lope de Rueda, Juan de la Encina, el Cervantes de los entremeses, sainetes de Ramón de la Cruz…, y piezas compuestas por el propio Alejandro Casona.

Poco después, se pone en marcha un segundo plan de acción teatral, con idénticas pretensiones de llevar la cultura a los distintos rincones del país: ‘La Barraca’, de Federico García Lorca.

La Barraca: su origen y sus actividades

La Barraca surge a partir de una idea de García Lorca y de la Unión Federal de Estudiantes Hispánicos. El ministro de Instrucción Pública, el granadino Fernando de los Ríos, subvencionó el proyecto con 100.000 ptas. García Lorca, junto con Eduardo Ugarte, codirector de La Barraca, comienzan la tarea de preparar montajes teatrales para llevar a los pueblos de España desde el verano siguiente (1932). El objetivo pedagógico era similar al del Teatro del Pueblo. Quizás los intereses del grupo fueran más atrevidos, como indicó el biógrafo del grupo, Luis Sáez de la Calzada.

La Barraca fue una apuesta firme por la renovación del arte escénico, condicionada, no obstante, por las dificultades presupuestarias posteriores y por el cambio de gobierno, con el acceso de la derecha al poder. Esas dificultades junto a ciertas críticas de sectores de la intelectualidad hicieron disminuir el ímpetu inicial del proyecto. No obstante lo cual, entre 1932 y 1935 La Barraca ofreció un repertorio que dignificaba la escena española, en un sentido de popularizarla, según reflexiones recogidas del hispanista Ian Gibson.
Un primer desafío que encara La Barraca fue la puesta en escena de un complejo texto, el auto de ‘La vida es sueño’, de Calderón de la Barca.

Sus actuaciones

El 10 de julio de 1932, en el pueblo soriano de Burgo de Osma, comienza sus actuaciones La Barraca, en un periplo que, durante cuatro años, la va a llevar por todos los pueblos de España. La bibliografía sobre este grupo teatral recoge la enorme ilusión que ponían todos sus componentes, vestidos con unos característicos monos azules, justificados por las tareas al margen de su actuación artística que debían de desarrollar.

El repertorio lo constituían piezas clásicas, con la excepción de un recital de “La tierra de Alvargonzález”, de Antonio Machado, declamado por el propio Federico, y una breve pieza de García Lorca, “El retablillo de Don Cristóbal”, programada en un breve periodo de tiempo que tuvo La Barraca tras la muerte de Federico. Las representaciones de La Barraca iban dirigidas a un pueblo llano, virgen, no corrompido, así como a unos pocos intelectuales que entendieran los objetivos de esta actividad teatral.


Actividad escénica de las Misiones Pedagógicas
Las Misiones inician su andadura con el Teatro y Coro del Pueblo, que lo integran, como en La Barraca, jóvenes estudiantes que actúan en periodos vacacionales. El repertorio incluía obras clásicas y menores, como pasos, entremeses, sainetes… adaptados o reescritos para su mejor comprensión. La primera representación se dio en Esquivias (Toledo), el 15 de mayo de 1932, y la labor de las Misiones en este terreno se prolongó durante cinco años, quedando interrumpida por la guerra civil.

Las primeras salidas se hacían en radio de acción limitado al entorno de Madrid, normalmente en funciones de mañana y tarde; pero, en épocas vacacionales, las Misiones extendían su actividad a zonas más alejadas, en provincias tales como Ciudad Real, Cáceres, Zamora, Valladolid, Salamanca, Zaragoza… Las últimas actuaciones tuvieron lugar en julio de 1936, en la comarca que rodea el lago de Sanabria.

Los materiales y los actores viajaban, normalmente, en dos autocares y una furgoneta alquilados, cuyos propietarios cobraban un precio simbólico. Pero, a partir de 1934, cuando el presupuesto de las Misiones descendió un 50%, los propietarios sólo cobraban el importe de los carburantes de los vehículos.

El alma mater del Teatro del Pueblo fue Alejandro Casona, un dramaturgo que era maestro de escuela. Su apellido Casona (en realidad sus apellidos reales eran Rodríguez Álvarez) lo adoptó artísticamente en recuerdo a la casona familiar en la que transcurrió su infancia y juventud.

Funcionó, así mismo, un Retablo de Fantoches, verdadero teatro de títeres dirigido por Rafael Dieste, que llegaba a pueblos a los que no podían acceder el autobús y la camioneta. La primera representación de ese Retablo de Fantonches se dio en Malpica, en la Costa da Morte (A Coruña), el 20 de octubre de 1933. El repertorio incluía piezas del propio Dieste.

Estas actividades eran puestas en tela de juicio por ciertos políticos e intelectuales. Así, Araquistain decía que estas actuaciones “enriquecían la cabeza de la nación pero que se olvidaban del estómago”.

Similitudes y diferencias entre los dos proyectos culturales surgidos en la II República: La Barraca y el Teatro del Pueblo

Analogías: deseo de difusión cultural; componentes del estudiantado, aficionados, poco o nada contaminados por el teatro profesional de la época, y  dirección a cargo de personas con cierta experiencia en la puesta en escena, y, sobre todo, en la adaptación de textos.
Diferencias: una mayor sencillez en el concepto de producción en Misiones Pedagógicas; escasas pretensiones estéticas y un principal objetivo: llevar por los rincones de España algunas obras breves de nuestro acervo cultural clásico, con esa idea didácticas que estaba en la propia esencia de Misiones Pedagógicas, que, además, en el caso de Misiones iban acompañadas de Coro (La Barraca no tenía Coro).

La Barraca pretendía, además, la renovación teatral. Sus representaciones tienden a hacerse en las capitales, como aquí en Murcia, en el Teatro Romea, en Elche… Esa pretensión de renovación hace que la escenografía cobre un protagonismo especial en La Barraca, para lo que contó con jóvenes artistas para esa renovación estética: Benjamín Palencia, Santiago Ontañón, José Caballero, Ramón Gaya…, es decir, los artistas jóvenes de ese momento.

A más de 80 años de su creación, sin embargo, ambos modelos respondieron a un afán de aproximar el arte estético a medios desfavorecidos de la cultura española.



martes, 27 de enero de 2015

Aquella bella y emotiva aventura cultural



Coincidiendo con la exposición en Murcia de las Misiones Pedagógicas -de la que di cuenta en mi última columna de La Opinión-, hemos tenido noticias de que, según datos del Boletín Estadístico del Personal al Servicio de las Administraciones Públicas (MINHAP), la Región de Murcia ha registrado una destrucción neta de 4.429 empleos en el sector público, en el semestre de julio de 2012 a enero de 2013. En el sector docente no universitario se registraron 2.126 empleos menos.
Y relaciono ambos asuntos en la medida en que los actuales recortes en Educación -de los que la disminución de plantillas docentes es una de sus manifestaciones- contrastan abiertamente con el enorme esfuerzo inversor realizado por el Estado republicano, sobre todo en el bienio inicial reformista. Y ello pese a que, entonces como ahora, el país estaba siendo afectado de lleno por la crisis de 1929. Pero aquella ´República de profesores´, como algunos la denominaron entonces, entendió que el gasto en Educación era una inversión de futuro. Y en esa dirección se orientaron muchos esfuerzos. Las Misiones Pedagógicas, creadas por Decreto de 29 de mayo de 1931, contribuyeron a ello. 

Para conocer la repercusión de aquella experiencia cultural-educativa, el pasado día 20, en el contexto de las actividades culturales paralelas programadas con motivo de la exposición arriba citada, Pedro Luis Moreno Martínez, catedrático de la Facultad de Educación y director del Centro de Estudios de la Memoria Educativa (CEME), impartió una charla titulada Las Misiones Pedagógicas en la Región de Murcia.

Dos Misiones se realizaron en Murcia: la primera, en marzo de 1933, y una segunda, en plena etapa del Gobierno radical-cedista (el conocido como ´bienio negro´, el mismo que recortó los recursos del Patronato de las Misiones), en marzo de 1935. Las personas designadas por el Patronato para llevar inicialmente a cabo esa tarea en la Región de Murcia fueron los docentes Matilde Moliner y Pablo de Andrés Cobos, y el estudiante Antonio Sánchez Barbudo, que contaron con la colaboración de Carmen Conde y Antonio Oliver. Las actividades se desarrollaron en La Universidad Popular de Cartagena, en Cabo de Palos y posteriormente, en Fuente Álamo. Tanto en la misión de Cabo de Palos como en la de Cartagena, colaboró el poeta oriolano Miguel Hernández, que había trabado íntima amistad con Carmen Conde y Antonio Oliver. Tras el Campo de Cartagena, los misioneros se adentraron en tierras de Lorca, en Zarcilla de Ramos, lugar que, por su penuria y miseria, impresionó vivamente a Carmen Conde.
La segunda Misión ambulante se desarrolló en dieciséis sesiones en distintas pedanías de Murcia, como Valladolises (a cuyas actividades asistió el niño Antonio Pérez Crespo, el que años más tarde sería el primer presidente del ente preautonómico de Murcia), Corvera y La Murta; en Cañadas del Romero (Mazarrón) y en Campillo de Adentro, La Azohía y El Albujón, en la zona de Cartagena. En esas sesiones se hacían audiciones del Memorial de la Palabra, con las voces de Manuel Bartolomé Cossío, Ortega y Gasset, Unamuno..., se oía música clásica y popular y se recitaban poemas de Juan Ramón Jiménez, Machado, Tagore o de la misma Carmen Conde. También se daban charlas divulgativas sobre temas varios y se proyectaban películas.
Destacaron también otras actividades como la difusión de las dos colecciones de copias de obras de arte del Museo del Prado, que, mediante el llamado Museo del Pueblo, permitieron acercar el conocimiento de aquéllas a varias poblaciones de la Región. Importante el papel desempeñado en ese Museo ambulante por el pintor murciano Ramón Gaya, autor, precisamente, de una copia de Los fusilamientos de la Moncloa, de Goya„ y que junto a Eduardo Vicente y Juan Bonafé habían sido seleccionados por Manuel Bartolomé Cossío, el director del Patronato. El Museo del Pueblo estuvo en varias localidades de la Región (Águilas, Mula, Mazarrón€), por periodos de una semana, con una notable acogida por la prensa regional. Respecto al Servicio de Bibliotecas, en la Región se instalaron, de 1932 a 1934, un total de 72, ubicándose normalmente en centros escolares.
Hubo una estrecha vinculación del Patronato de las Misiones Pedagógicas con la Universidad Popular de Cartagena, institución que, fundada por Carmen Conde y Antonio Oliver, fue, de hecho, una delegación del Patronato, pues contó desde sus inicios con su apoyo constante a lo largo de toda la etapa republicana. Una de sus actuaciones fue la puesta en marcha del ´cinema educativo´.
Estas ofertas culturales hacia la población de la Región tuvieron su continuidad con las actividades de la Escuela Normal de Magisterio de Murcia, merced al tesón y esfuerzo de su director, Domingo Abellán, y el secretario de la misma, Eugenio Úbeda, impulsores de las llamadas ´Misiones normalistas´, en las que colaboraron, entre otras, Encarnita Zorita, Clara Smilg y Pilar Barnés.
En palabras de Eugenio Otero, profesor de la Universidad de Santiago de Compostela y comisario de la exposición, las Misiones Pedagógicas supusieron el mayor esfuerzo de animación a la lectura que se haya realizado jamás en España. Duro contraste con el desprecio a la educación y la cultura de que hacen galas los actuales gobernantes (por supuesto, también en nuestra Región). Por eso es bueno evocar aquella bella y emotiva aventura cultural.